Un monstruo llamado Morgath salió al mundo. Como le gustaba la carne humana, lo primero que hizo fue atacar y comerse a algunos niños que salían del colegio. Una cosa horrible que hacía era jugar con su presa; por ende, comía y jugaba mientras el niño todavía estaba vivo.
Su instinto era tan primitivo que siempre resultó peligrosa en todo sentido. Dicen que Shiban la maldijo y la metió en un cubículo afilado para que no pudiera escapar, pero parecía que a alguien le convenía liberarla y desatar el caos.
Shiban estaba como siempre en sus aposentos, meditando con los ojos cerrados.
—Shiban, te llegó un mensaje de la señora de la dietética —dijo un monstruo.
—Tengo que comprar granola hoy, se me acabó —respondió Shiban.
—Sí, por eso dice acá el mensaje:
"Al señor Shiban:
Sé que usted hoy viene a comprar granola y me pidió que le avisara si había algo raro o raros olores. Le aviso porque me dijo siete veces que las alcantarillas a veces están sucias o con animales muertos.
Bueno, hace tres días que hay mal olor por acá.
Después revise.
Firma: Señora Tita"
Shiban no podía abrir los ojos porque estaba en su círculo cósmico, emanando un aura tan poderosa que podría destruirlo todo con solo abrirlos.
En ese momento escuchó otra voz. Era Gungun que decía:
—La monstrua caníbal anda suelta, esa chiquita intrépida. ¡Que se mueran los humanos, quién los precisa!
Shiban, sin ganas de escuchar —dado que era Gungun y a Shiban no le agradaba—, contestó:
—Ella debe estar en una caja, no en las calles del mundo exterior.
Se quedó pensando un instante.
Seguro que con alguna transformación debe andar... ¡Se hace pasar por maestra!
—Escucha. Hazle una nota, invítala. Pelea cuerpo a cuerpo. Promesa que le hago a ella: la dejo ganar diez rounds.
Pasado unos días, llegó Morgath. Todos se prepararon en el estadio del Valle de los Monstruos. ¡Pelea épica! Morgath versus Shiban. Según él, la iba a dejar ganar.