CAPÍTULO 7:
ESCENA 1
LUGAR: Sótano de la imprenta clandestina, Calle de San Pedro, Montevideo. ESCENARIO: El aire en el sótano está denso de humo negro y olor a pólvora quemada. Cajas de tipos de plomo yacen vueltas sobre el suelo de piedra, aplastadas a golpes de martillo. Las resmas de papel de hilo arden en una pira improvisada en el centro de la estancia, proyectando sombras deformes sobre las paredes.
El PADRE FAUSTINO (68) está arrodillado entre los escombros de su prensa de hierro destruida, con la ropa manchada de hollín y una brecha sangrante en la sien. Frente a él, sosteniendo una antorcha de brea y un sabre desenvainado, está el teniente de la guardia urbana. A los lados, dos guardias sostienen por los brazos al anciano.
(El Capitán Tomás intenta irrumpir por el tramo superior de la escalera, pero la puerta de roble está bloqueada desde afuera por las fuerzas de la Jefatura).
CAPITÁN TOMÁS: (Golpeando la puerta con el hombro desde las sombras del pasadizo superior, con la voz ahogada) ¡Padre Faustino! ¡Apóyese contra la pared trasera, voy a derribar el marco!
PADRE FAUSTINO: (Mirando hacia la escalera, gritando con la poca voz que le queda mientras escupe sangre) ¡No entres, Tomás! ¡Salí de acá y buscá a Juana! ¡El pliego con los nombres ya salió hacia la campaña en las alforjas del arriero! ¡Dejá que este viejo pague el precio de la verdad!
TENIENTE DE LA GUARDIA: (Golpeando al Padre Faustino en la espalda con la cazoleta de su sable) ¡Cállese la boca, cura revoltoso! Bastante veneno imprimió ya contra el Gobierno. Se acabó la cháchara de la prensa libre.
PADRE FAUSTINO: (Levantando la cabeza con altivez, mirando fijamente a los ojos del teniente) Pueden romper el hierro de la máquina, teniente... pero las letras ya las leyeron en las pulperías. Apague su fuego si quiere, que la verdad quema más que sus antorchas.
TENIENTE DE LA GUARDIA: (Señalando las escaleras a sus hombres) Aseguren las puertas exterior e inferior. Llévenselo directo a las bóvedas del baluarte de la Ciudadela. Sin visitas de médicos ni de la Iglesia. Que el Comandante decida mañana si muere de humedad o frente al pelotón.
(Los guardias arrastran al anciano sacerdote por la escalera. El Capitán Tomás logra deslizarse por un trago de ventilación lateral justo antes de que la turba de la guardia selle la casa).