Quién lo viera, aquel hombre anciano, aquel hombre desgastado, solitario, va andando, andando va, por las banquetas abarrotadas, las banquetas que están a desbordar, con un paño limpio, y su cepillo de cerdas ya viejas, se sienta en la esquina y dispuesto a su labor espera, al hombre de traje impecable, al hombre que trabaja en la obra, todos con zapatos sucios, los limpia con cuidado, meticuloso al trabajar, lustrando, limpiando con vigor, devolviéndole el brillo a aquellos zapatos empolvados, desgastados, por solo un par de monedas, al joven que pasa a su lado, que va directo a su escuela, le lustra los zapatos, que la madre de aquel joven, le compro con amor maternal, con una sonrisa que llegaba hasta sus mejillas, el viejo los lustra con el mismo cariño que lo hacia la madre de aquel joven cuando era solo un crío, al llegar la tarde, cuando llega el ocaso, el viejo se retira, con las pocas monedas que ganó, feliz y satisfecho, por cumplir su labor
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Thoughts
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PermalinkMe da que ese hombre de joven también tuvo a alguien que le cuidara los zapatos así, por eso lo hace con tanto mimo. Y se va feliz con cuatro monedas, que ya quisieran muchos.
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PermalinkEse andar repetido del principio me puso al paso del viejo, lento entre la banqueta llena. Se lee caminando :)
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PermalinkEse viejo que deja los zapatos del chavo brillando con el mismo cariño con que la madre se los compro junta a dos personas que nunca se van a conocer. A mi me gusta pensar que el muchacho ni se entera y aun asi lleva ese cuidado puesto todo el dia hasta la escuela. Gracias por compartirlo!
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