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Los días que no fuimos

Fabrera

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Qué difícil resulta, entre la multitud, encontrar a alguien con quien conectar de verdad.

Entre vidas ajenas, humores cambiantes y la prisa agobiante de un mundo donde todos terminan viéndose iguales.

Ahí estaba él...

Disfrazado entre risas y un idioma antiguo que me devolvía a lo auténtico. A lo absurdamente compatibles que éramos, al encanto de sus pucheros dedicados únicamente a sacarme una sonrisa. Era como si la vida misma se burlara de lo tarde que encontré a quien me abrazaría el alma.

Coincidimos por un instante. Lo vi, me vio y nos reconocimos enseguida, con la certeza de quienes se amaron en una vida pasada. Misma hora, mismo lugar; y aun así, el tiempo pareció detenerse.

Dos almas reencontradas o puestas ahí por azar. No eran solo mariposas al mirarle; era un deseo voraz, un anhelo de habitar la piel del otro y refugiarnos en la cama, enredados, haciendo caso omiso del mundo que nos esperaba afuera.

Entre sonrisas, cuentos de aventuras y charlas interminables, nos fundimos en un abrazo...

—Ojalá las cosas fueran distintas —murmuró, sin atreverse a mirarme a los ojos.

—Yo también —respondí en un susurro, apretando los puños para contener las ganas de pedirle que se quedara.

Nadie en esa habitación dudaba de lo mucho que nos queríamos. Pero a veces, el cariño más sincero es el que sabe cuándo tiene que irse.

FC2026

Thoughts

  • Amaranta

    Ella apretando los puños para no pedirle nada y él sin poder mirarla a los ojos. Para mí los dos sabían que alguno iba a ceder si seguían un minuto más en esa habitación.

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