No ser elegido otra vez.
No compartir palabras al oido.
Una sonrisa al despertar.
Un regalo que no llegará.
Duele y punto.
No mires desde abajo.
Nunca estuviste ahí.
No ser elegido otra vez.
No compartir palabras al oido.
Una sonrisa al despertar.
Un regalo que no llegará.
Duele y punto.
No mires desde abajo.
Nunca estuviste ahí.
Ese verso suelto en el medio, sin explicar nada, pesa más que todo lo demás junto. A veces no hay mucho más que decir.
La sequedad hace el trabajo: no hay una palabra de más y por eso duele. Por aquí anda «La canción que te conté», otro poema del grupo, con un afecto que nunca llega a pronunciarse.
Las dos últimas líneas le cambian la dirección a todo: lo que se lamenta arriba resulta que nunca existió, y el que mira desde abajo es el que nunca estuvo. Suena a alguien cerrando la puerta.
No puedo dormir
la espera es como un arma,
El nadir tiene mi felicidad, El cenit guarda mi tristeza, El horizonte marca mi equilibrio, Y yo propia voz. Septiembre 22, 2026
Insomnio.
¿Cómo te explico que eres mi excepción a todo?
Un piano que despierta en la mañana, una guitarra que descifra el viento, dos almas que comparten la ventana donde el dolor se vuelve sentimiento.
Deja que mi fuego te consuma,
Da el golpe y quiébrame.
No ser elegido otra vez.