Un piano que despierta en la mañana,
una guitarra que descifra el viento,
dos almas que comparten la ventana
donde el dolor se vuelve sentimiento.
Viajaron al espacio sideral sin rumbo fijo,
llevando solo un canto por maleta,
un lazo de hermandad que los bendijo
para inventar la música perfecta.
Tú pones la nostalgia en cada nota,
él teje los acordes con desvelo;
sanando la esperanza que se rompe
con ecos de amor que suben al cielo.
¿Con quien se queda el perro si hay distancia?
¿A dónde van los besos que dolieron?
Sus voces guardan siempre la fragancia
de las historias que jamás se fueron.
Sigan cantando al tiempo y al olvido,
que mientras quede un alma que les crea,
un corazón que vibre con su nido
sabrá que su existir es... su poesía.
(uno de mis únicos poemas con rima)