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BATALLA DE LOS DIOSES, UNA HISTORIA JAMÁS CONTADA / CAPÍTULO 2 LA INVASIÓN DEL TRONO / TÍTULO 11 EL RESCATE DE YEPUNIKU

MiguelAngel
Pensamiento

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IreneCalvo

Desde que Woq le aconsejó lo de Huper a su hermana la tengo en la mira, y ahora le caen los mellizos encima sin saber si Upuxu sigue viva. Esa mujer va a acabar cargando con todo el palacio.

Desde que Woq le aconsejó lo de Huper a su hermana la tengo en la mira, y ahora le caen los mellizos encima sin saber si Upuxu sigue viva. Esa mujer va a acabar cargando con todo el palacio.

Contenido de la publicación

Durante las noches, las pesadillas privaban a Upuxu del descanso. Dormía en una habitación separada de la de su cónyuge y, en ocasiones, despertaba con marcas en la piel, como si unas cadenas la hubieran recorrido dejando huellas a su paso. Temblaba sumida en un sudor frío. Sospechaba de Huper y ya no lo miraba con los mismos ojos; estaba convencida de que aquel dolor persistente desde su embarazo se originó por la desaparición de la deidad. La diosa ya no hallaba paz en su hogar; anhelaba regresar a su morada con su hermana y cuidar de su jardín. Sus pensamientos jamás se apartaron del gran dios y se sentía cada vez más enamorada de él; soñaba con una vida a su lado, pues su recuerdo le transmitía serenidad, mientras que en su esposo solo percibía la oscuridad.

La sospecha la impulsó a vigilar a su cónyuge. Acudió al templo en busca del Gitoya más hábil, ocultando sus planes a su hermana. Vuhu se había convertido en la mensajera del rey; se aproximó a Zuyu, la paloma blanca que simbolizaba la transparencia, capaz de adoptar cualquier apariencia que deseara. Upuxu le pidió:

—Necesito tu ayuda, quiero que me acompañes.

—Para mí es un honor estar a tu servicio —contestó Zuyu.

—Tengo una misión para ti: deseo descubrir el comportamiento de mi esposo. Toma la forma de un insecto y ocúltate en mí. Nadie puede enterarse de esto; te invitaré a mi hogar y me ayudarás con lo solicitado —añadió Upuxu.

—Puedes confiar en mí —aseguró Zuyu.

Entonces, en un lugar seguro, Zuyu adoptó la apariencia de un piojo y se ocultó en los cabellos de la deidad. Upuxu abandonó el templo y se dirigió al palacio de su cónyuge, quien se encontraba con sus vástagos. En el trayecto, Zuyu contempló asombrosas riquezas, así como la fría distancia que separaba a la pareja. La aliada le susurró a su señora:

—Si deseas vigilar más de cerca a tu esposo, debemos ocultarnos en él.

Mukiyoxe estaba detrás del muro y escuchó la conversación. Siendo todavía un infante, permanecía ajeno a lo que sucedía, por lo que corrió de inmediato hacia donde estaba su hermana. Mientras tanto, Zuyu resguardó a la diosa en su vientre y, convertida de nuevo en piojo, se aproximó con sigilo a Huper hasta ocultarse entre sus ropajes.

Desde el interior de su aliada, Upuxu podía contemplar y oír todo lo que acontecía. Huper se aproximó a sus hijos para despedirse y luego ascendió por las escaleras hacia la terraza. Frente al cielo despejado, el dios adoptó el aspecto de un Mugue; Zuyu se escondió de inmediato entre sus plumas. Él se elevó y voló con rumbo a Qavukoze mientras la paloma memorizaba la ruta. Al aproximarse al destino, divisó un paraje desconocido donde se percibía el aura de la muerte.

Huper descendió con cautela en la azotea de la torre, recuperó su apariencia original y bajó los peldaños hasta alcanzar un sótano. Allí lo aguardaba Yuzibu, a quien interrogó:

—¿Qué ha pasado con la prisionera?

—Ha perdido la cordura; solo pronuncia el nombre de su señor —contestó Yuzibu.

Ambos se acercaron a la celda de Yepuniku, quien agonizaba. Huper le ordenó al demonio:

—Cuando decida su muerte, la devorarás.

Yepuniku experimentó un vuelco extraño en su pecho al percibir un destello en la penumbra, aunque no alcanzaba a comprender el motivo. Mientras tanto, las infiltradas se aterraron al descubrir la auténtica naturaleza de Huper. Al constatar la perversidad de su alma y su alianza con las fuerzas oscuras, dedujeron que el malvado arrastraría al mundo hacia la ruina; su propósito final consistía en usurpar la gema mística para gobernar el cosmos y someter a las deidades.

Upuxu se regocijó al hallar a la cautiva; en ese instante descifró el origen de sus punzadas torácicas y de aquellas pesadillas premonitorias que le advertían sobre su padecimiento. Le sobrevino una profunda aflicción al contemplarla en condiciones tan deplorables. Zuyu, quien siempre había idealizado a Huper como un ser benévolo, comprendió que sus actos superaban la crueldad de un demonio. La indignación las invadió; no obstante, templaron su espíritu con el fin de urdir la liberación de la prisionera.

Transcurrido un lapso, Huper abandonó el sótano y subió hacia la azotea. En ese instante, Zuyu saltó de su cuerpo para esconderse entre los bloques que formaban la estructura de la torre. El tramposo adoptó el aspecto de un Mugue y emprendió el regreso. Una vez que este se distanció lo suficiente, la paloma recuperó su apariencia original y liberó a su señora de su vientre. Actuando con sigilo, el ser alado tomó los rasgos de Huper y le indicó a Upuxu:

—Yo iré por Yepuniku; tú permanece aquí y mantente oculta. Desconocemos si acechan más demonios.

La deidad obedeció la instrucción. Zuyu descendió por las escaleras y se topó con Yuzibu. Imitando la voz del dios, le ordenó:

—Tráeme a Yepuniku, tengo otros planes para ella.

—¿Qué ha ocurrido, señor? —preguntó Yuzibu.

—Obedece o acabaré con tu vida —exclamó Zuyu.

El demonio se dirigió a la celda, tomó las llaves que custodiaba y liberó a la cautiva; sujetándola del cabello, la arrastró hasta la presencia de Zuyu. Mientras tanto, Huper arribó a su palacio y saludó a sus hijos, pero notó la ausencia de su consorte. Al interrogar a su descendencia sobre su paradero, el pequeño Mukiyoxe respondió:

—Yo pensé que estaba contigo. Ella se encontraba con Zuyu y les escuché decir que se ocultarían en ti.

Al verse descubierto y temiendo la condena de su soberano, abandonó de inmediato su morada bajo el aspecto de un Mugue, emprendiendo el vuelo de regreso hacia la torre. En el sótano, Zuyu tomó de las manos a Yepuniku y le ordenó a Yuzibu que permaneciera en los niveles inferiores. Ascendió a toda prisa por las escaleras junto a la convaleciente deidad, mientras le infundía aliento:

—No te preocupes, soy Zuyu. Date prisa, nuestra señora nos aguarda en la cumbre de este recinto.

Cuando las deidades se reunieron, se estrecharon con fuerza. Yepuniku apenas lograba mantenerse en pie, el dolor en el pecho de Upuxu se había disipado por completo. Esta última le prometió:

—Te sacaré con vida de aquí aunque me cueste la mía; hemos descubierto el secreto de Huper.

Zuyu adoptó la apariencia de una colosal paloma, abrió el pico y resguardó a Yepuniku en su vientre. Upuxu decidió viajar sobre su lomo; la indignación invadía su espíritu y presentía un inminente encuentro con su cónyuge. La deidad se elevó hacia el cielo, siguiendo la misma ruta que el tramposo había tomado. En cuanto cruzaron aquel extraño umbral, divisaron a Huper que venía a su encuentro.

Huper estaba dispuesto a destruir a las diosas, por lo que adoptó el aspecto de Xuvupuq, "el dragón de las tinieblas". De sus fauces brotaban ráfagas de fuego que les arrojaba sin tregua; sin embargo, Zuyu esquivó los proyectiles con destreza. Upuxu, desafiante, le gritó al malvado:

—Te he descubierto. Esa es tu verdadera naturaleza. Engañaste a las divinidades con tus palabras, no perdonaré el daño que nos has infligido. En este mismo instante acabaré contigo.

—No podrás vencerme, aun si eres considerada la deidad más poderosa. Acabaré con ustedes antes de que alcancen el templo —replicó Huper.

—Anhelas apoderarte de la piedra sagrada y gobernar la creación; por eso siempre has estado cerca de nuestro señor y, ahora, de nuestro rey. Solo aguardas el momento oportuno para actuar —sentenció Upuxu.

—Con sus muertes, ese momento ha llegado —sentenció Huper.

Enseguida continuaron con la batalla en el cielo; se veían y escuchaban explosiones mientras caía fuego a la tierra. Xuvupuq apresó de las alas a Zuyu y comenzó a arrancárselas. Ella gritaba de dolor. En el instante en que la despojó de ellas, Upuxu le cercenó el brazo derecho desde el hombro con su espada; debido a esta hazaña se le denomina Zube, "la que corta el brazo". Él contraatacó y le atravesó el hombro izquierdo con una de sus garras, más afiladas que un acero, para luego apartarse.

Zuyu, gravemente herida, comenzó a desplomarse debido a la pérdida de sangre. Cayeron entre dos imponentes montañas hasta sumergirse en la profundidad de un río tempestuoso, denominado Makibu, "el agua más pura". Su enemigo las vio caer y dio por hecho su deceso; entonces voló con dificultad rumbo al templo.

No obstante, más adelante se vio obligado a descender a la espesura de los bosques, pues sus lesiones eran graves y se desangraba. Oscureció, pero continuó caminando; al alcanzar su destino, no resistió más y se desplomó perdiendo el conocimiento.

Desde el templo, Vuhu lo alcanzó a divisar e inmediatamente acudió en su auxilio. Lo encontró desprovisto de una extremidad y con el torso ensangrentado; lo levantó con sus fauces y lo trasladó ante Juñuxeku, "la sanadora", deidad de la medicina. Allí todos se congregaron y rogaban por su vida mientras la curandera contenía la hemorragia.

Vuhu fue al palacio del herido en busca de Upuxu, pero no la halló. Solo estaban sus vástagos, quienes permanecían angustiados por sus progenitores y desconocían su paradero. Ella les preguntó por su madre, a lo que respondió Mukiyoxe:

—Creo que mi mamá se perdió con Zuyu y mi papá fue a buscarlas.

Vuhu los condujo ante Woq, quien también ignoraba el destino de su hermana. Ella le manifestó:

—Upuxu y Zuyu han desaparecido de la misma forma que aconteció con Yepuniku. Al parecer es obra de un demonio; Huper fue en su búsqueda y ha regresado agonizante, sin el brazo derecho.

Woq, consternada por su hermana, asumió el cuidado de sus sobrinos. Vuhu se presentó ante el rey, quien permanecía al lado del convaleciente, y le relató lo que los mellizos le habían revelado. Kic le ordenó:

—Ve por los perros guardianes y dales la noticia. Ahora su misión es rastrear a las tres deidades. No pases por la morada de nuestro señor; deja que su mente halle claridad.

Thoughts

  • IreneCalvo

    Desde que Woq le aconsejó lo de Huper a su hermana la tengo en la mira, y ahora le caen los mellizos encima sin saber si Upuxu sigue viva. Esa mujer va a acabar cargando con todo el palacio.

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  • Ovid

    El brazo cortado de un tajo y el nombre que le queda a Upuxu por eso, Zube. Me gusta mucho cuando un mito explica de dónde sale un nombre, y esto va a pesar: Huper vuelve manco al templo y nadie sabe todavía quién se lo hizo.

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  • cande11

    Zuyu en el pelo de Upuxu, la diosa dentro de la paloma, la paloma entre las plumas del Mugue: muñecas rusas. Y al final los delata el más chiquito, Mukiyoxe, detrás del muro. Me huele a que Huper se lo va a cobrar.

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