No fue fácil hacer esto. Todos me miraban.
Recuerdo con claridad sus expresiones, porque lo que dije los dejó atónitos;
me escuchaban con tanta atención...
Y yo, tan vulnerable y frágil,
contaba mi historia llena de sentimientos.
Esos sentimientos que al decirlos me rompían, me ahogaba con cada lágrima que salía de mis ojos; mi corazón se apachurraba y mi mirada expresaba dolor, pero también amor, alegría y recuerdos.
Todo lo que conté fue realidad,
una realidad vivida en carne propia, de esas que así nomás no se olvidan.
Al principio no entendían de qué hablaba,
y cuando culminé, tampoco...
No me refiero a las palabras, sino a que ellos no entendían
mi gran dolor por extrañar a una persona tan especial.
Para ellos era alguien más,
pero para mí era alguien que no sale de mi cabeza ni de mi corazón.
Seamos sinceros: ellos tampoco esperaban verme llorar,
sentir y expresar mi sufrimiento...
y, a decir verdad, yo tampoco.
Pero cada palabra que salía era algo que mi corazón gritaba por dentro, un corazón que guardó tantas cosas para ocultar sus emociones, pensando poco en las palabras...
Porque esta vez hablaba sin pensar:
era mi corazón el que hablaba, no yo.
Y aunque haya expresado todo esto que siento, no niego que todavía quedan partes tristes dentro de mí.
Pero, al menos, pude sacar algunas de ellas...
Y, poco a poco, volveré a armar el rompecabezas de mi corazón.
ESCRITO POR : AGC