Para mí el poema pega más fuerte en lo chico: borrar el mensaje tres veces, revisar el celular por si acaso. Ahí se cae cualquier pose y queda alguien mirando la pantalla a oscuras.
Amor prohibido
Pensamiento
Para mí el poema pega más fuerte en lo chico: borrar el mensaje tres veces, revisar el celular por si acaso. Ahí se cae cualquier pose y queda alguien mirando la pantalla a oscuras.
Contenido de la publicación
Me enamoré cruelmente de un amor prohibido,
sabiendo que terminaría lastimado,
sabiendo que tu boca tenía dueño
y que mi nombre en la tuya era pecado.
Me enamoré con los ojos abiertos,
sin venda, sin excusa, sin futuro,
te miré sabiendo que era un abismo
y aún así me tiré a lo oscuro.
Ahora te veo de lejos,
riéndote donde yo no estoy,
y yo aquí, con las manos vacías,
guardando un amor que no me dio.
No me quedó ni siquiera el adiós,
porque lo nuestro nunca empezó,
solo yo, en mi cuarto a las tres de la mañana,
hablándole a alguien que nunca llegó.
Me estoy muriendo despacito,
de un amor que no puedo enterrar,
porque no se olvida lo que no se tuvo
y duele más lo que no va a pasar.
Sigo esperándote en los lugares donde no vas a volver,
sigo guardando tu último mensaje como si fuera una carta de amor,
aunque solo decía "cuidate".
Sigo inventándote excusas,
sigo diciéndome que quizás también me pensás,
cuando ya sé que vos aprendiste a olvidarme
y yo todavía no aprendo a soltar.
Qué cruel es quererte así,
sin derecho,
sin mañana,
sin poder gritar tu nombre sin que me tiemble la culpa.
Ojalá algún día me arrepienta de haberte querido,
pero hoy no,
hoy todavía te quiero con toda la tristeza que me dejaste.
Sigo acá,
con tu recuerdo sentado en mi cama,
ocupando el lugar que nunca ocupaste.
Apago la luz y todavía te veo,
cierro los ojos y todavía te escucho,
y es mentira que el tiempo cura todo,
hay amores que el tiempo los hace más profundos.
Yo te dejé ir sin hacer ruido,
para no romperte la vida,
me tragué todo lo que sentía
y me quedé con la herida.
Si alguna vez te preguntás
si alguien te quiso de verdad,
sin pedirte nada,
ese fui yo,
el que te quiso en silencio
para no hacerte daño,
y se hizo daño solo.
Y lo último que me quedó fue esto:
Aprendí a extrañarte sin nombrarte,
a soñarte sin dormirme,
a perderte todos los días
a la misma hora.
No te odio,
¿cómo odiarte si fuiste lo más lindo que me pasó?
aunque me hayas pasado por encima,
aunque me hayas dejado roto.
Si me ves algún día,
no me mires con lástima,
mirame como se mira lo que una vez se quiso
y se dejó ir por miedo.
Yo ya entendí,
vos eras la historia,
yo solo era el que no debía leerla.
Y si me preguntan por vos,
diré que no sé,
que fue un casi,
un casi todo,
un casi vida.
Pero yo sí sé,
fuiste el temblor en las manos,
el mensaje que borré tres veces,
el "te amo" que me tragué
para no arruinarte nada.
Ahora camino más lento,
como si llevara tu ausencia en los bolsillos,
pesada,
presente,
inevitable.
No te espero,
pero tampoco te dejo ir,
te tengo ahí,
en ese lugar donde duelen
las cosas que no fueron
y que igual me marcaron para siempre.
Tu último mensaje decía cuidate,
una sola palabra,
y yo me quedé toda la noche
tratando de traducirla.
¿Cuidate de qué?
¿De vos?
¿De mí?
¿De esto que no pudimos ser?
Me cuido,
pero de vos no sé cuidarme.
A las tres de la mañana
todo duele más sincero.
No hay distracciones,
no hay excusas,
solo yo y tu falta.
Reviso el celular
sabiendo que no escribiste,
y aún así reviso,
por si el dolor me dejó ciego
y no vi que volviste.
Dejaste tu forma en mi cama
sin nunca haberte acostado.
Dejaste tu risa en mi cuarto
sin nunca haber entrado.
¿Cómo se extraña tanto
a alguien que nunca estuvo?
¿Cómo se llora tanto
un abrazo que nunca tuvo?
Fuimos un casi.
Casi nos tocamos,
casi nos tuvimos,
casi nos salvamos.
Y los casi
son los que más duelen,
porque no se lloran como un final,
se lloran como una vida
que no nos dejaron vivir.
Escribí mil veces "te extraño"
y lo borré mil y una.
No era orgullo,
era miedo,
miedo a que me respondas "yo también"
y tener que volver a perderte.
Dime cómo se olvida
lo que nunca se besó,
cómo se entierra
lo que nunca nació.
No puedo soltarte
porque nunca te tuve agarrado,
y no puedo olvidarte
porque nunca me dejaste olvidado.
Estás en todos los lugares
donde nunca estuvite
Hoy entendí algo.
No te odio por no haberte quedado,
te agradezco por haber pasado,
aunque sea como sombra,
aunque sea como casi.
Me enseñaste que puedo querer
sin tocar,
sin tener,
sin prometer.
Que hay amores que no vienen a quedarse,
vienen a enseñarnos cuánto podemos sentir.
Te dejo ir.
No porque ya no duela,
sino porque por fin entendí
que seguir sosteniéndote
es no dejarme vivir a mí.
No te olvido,
te acomodo.
Te pongo en ese cajón
de las cosas lindas que no pudieron ser,
pero que me hicieron ser quien soy.
Si algún día pensás en mí,
no pienses en el que lloraba a las tres de la mañana,
pensá en el que te quiso tanto
que aprendió a soltarte
para que no dolieras más.
Aquí termina nuestro amor prohibido,
no con un beso,
sino con un adiós que nunca nos dimos
y que hoy por fin me doy yo.
Thoughts
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PermalinkPara mí el poema pega más fuerte en lo chico: borrar el mensaje tres veces, revisar el celular por si acaso. Ahí se cae cualquier pose y queda alguien mirando la pantalla a oscuras.
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PermalinkEl último mensaje que solo decía cuídate, y la noche entera tratando de traducirlo, me hizo pensar en lo poco que hace falta para que uno construya una casa completa sobre una sola palabra. Y me gusta que al final esa persona acaba guardada en un cajón de cosas lindas, que es lo que casi todos terminamos haciendo. Gracias por compartirlo!
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Me enamoré cruelmente de un amor prohibido,