Carolina.
Siempre fui de los que sueñan despiertos, de los que buscan algo que ni ellos mismos saben nombrar del todo. Un lugar, una certeza, una cara que se parezca a lo que uno imaginó alguna vez sin querer.
Hay quienes dicen que soy raro por eso, por creer todavía en ciertas cosas que ya nadie cree. Y puede que tengan razón. Pero prefiero ser así, de los que presumen de un idealismo que ya pasó de moda, de los que todavía se conmueven con poco: un vino, un silencio bien compartido, una tarde sin apuro.
Te busco a ti, Carolina, en cada rostro que se me cruza, sin querer, casi sin darme cuenta. Y nunca termino de encontrarte del todo —o la encuentro a medias, en un gesto, en una forma de reír que se parece a la tuya aunque no lo sea. Tengo miedo de que el tiempo se me vaya así, buscando, y no de encontrarte, que sería lo de menos.
No sé si existes tal como te imagino. Tal vez te inventé yo mismo, a mi manera, para tener algo por qué seguir caminando. Pero si existes, Carolina, si estás en algún lugar de este mundo tan grande, espero que sepas que hay alguien que no ha dejado de buscarte.
Marcos