Mis mensajes nunca fueron directos,
yo te hablaba en un lenguaje incriptado
pero en lo hondo de mi corazón
o más bien dicho
en la punta de la lengua,
quería gritarte te amo.
Tu lenguaje era un cementerio de palabras,
y me hablabas de mujeres que no me interesaban.
"Ella es linda, todas las lindas son unas putas",
me dijiste.
Yo tenía que hacer como que lo que decías estaba bien. Te quería, te quiero, te amo.
Ahora solo recolecto fotos tuyas
o ubicaciones,
tratando de encajarte en mi mundo
con tu ausencia.
Tu voz de niño la llevo grabada en la memoria.
Cuando hablabas como adulto y de mujeres
me sorprendí.
¿Dónde está mi niño?
Caminaba por el camino de la tristeza,
cuando las raíces me cortaron en todas partes.
Busqué el amor y conocí la pasión en otro hombre.
Nos queríamos el sexo nada más,
pues yo seguía amando al soñador de mujeres.
Su despótica virilidad removía todo
lo que era querer.
Tu reciedumbre era un cuasiamor,
pues refunfuñabas mis quereres.
Celoso.
Cuando aun así tenías una novia,
y me plantabas una barrera de la nada.
Me hablabas una vez al mes.
Y decías que era mi culpa.
Hoy no soy nada más que
una amarga y triste
desesperación.
Sufre de histeria y me consume la abstinencia
de tu amor.