Dime algo, Cupido.
Dime algo, Cupido,
dios del amor y de los encuentros:
¿qué es aquello que me falta
para que alguien me elija sin condiciones?
No tengo el rostro de las pinturas,
ni la belleza que parece detener miradas,
mi voz quizá no cautive a primera escucha,
pero aún guardo tantas cosas que quisiera compartir.
Tengo pensamientos que merecen ser escuchados,
un mundo entero detrás de mis silencios,
y un corazón que, pese a sus incertidumbres,
todavía conserva ternura para ofrecer.
Entonces, dime, Cupido,
¿por qué parece tan difícil que alguien se detenga?
¿Por qué, entre tantas personas que cruzan mi camino,
ninguna parece querer conocerme de verdad?
He buscado cariño en miradas pasajeras,
he esperado encontrar refugio en alguna conversación,
pero tantas veces he regresado con las manos vacías
que comienzo a preguntarme si también existe un lugar para mí.
No quiero que se enamoren de una apariencia,
ni que confundan mi rostro con todo lo que soy.
Quiero que alguien me mire a los ojos
y sienta curiosidad por aquello que no puede ver.
Que se enamore de mis ideas,
de mis rarezas, de mi manera de comprender el mundo,
que encuentre belleza en mis palabras
y quiera quedarse incluso cuando no sepa qué decir.
Anhelo un amor que parezca escrito en los cuentos,
pero que no necesite de magia para ser verdadero:
una tarde que se prolongue entre conversaciones,
una mano que busque la mía con timidez,
dos personas bailando bajo la luz de la Luna,
y el tiempo concediéndonos unos minutos más.
No pido una vida libre de tristezas,
ni una promesa que el tiempo no pueda quebrantar.
Solo quisiera compartir mis días con alguien
que también encuentre en los míos un lugar al cual regresar.
Ay, Cupido, qué extraña es la espera.
Hay noches en que me basta con soñar,
pero otras quisiera tener a alguien a mi lado
y dejar de imaginar cómo se sentirá.
Dime, ¿alguna vez llegará ese desconocido?
¿Aquel que añada colores a mi lienzo,
que me haga reír sin que deba fingir alegría
y convierta los días ordinarios en recuerdos?
Quisiera un hombre de manos gentiles,
de detalles sinceros y palabras honestas,
alguien cuya bondad no sea una apariencia,
que sepa cuidar sin pretender poseer,
que permanezca por voluntad propia
y me permita hacer lo mismo por él.
No busco un príncipe sin defectos,
ni un personaje arrancado de mis novelas.
Solo alguien dispuesto a construir conmigo
aquello que tantas veces he soñado a solas.
Así que dime, Cupido,
si mi corazón todavía tiene un encuentro pendiente,
si en alguna parte existe alguien
que también se pregunte cuándo llegará el amor.
Porque yo sigo aquí, con las manos abiertas,
con tantas palabras que aún quisiera dedicar,
esperando que un día alguien me encuentre
y ya no tenga que preguntarte
si nací para que me lleguen a amar.