04/07/2026
Tengo un hambre difícil de saciar.
No pretendo que tus intereses siempre estén vigentes.
Poco es lo que nos podemos dar, de creatividad casi nula.
Aunque se pinte un cuadro por primera vez, es el pincel que está cansado de comer óleos baratos y agua sucia ya llena de chamuyos.
Hay pequeños ruidos de madrugada que me susurran (o tal vez gritan) tu nombre y tienen tu voz.
Un poco me torturan recordando tesoros absurdos, plantados, profundos que hacen crecer sus reliquias en frente de mis ojos.
Veo poco interés en figurar, y si fuera vos, tal vez mi interés sería nulo.
Creo que me gusta el caos. Tu caos es un océano de olas enormes y rugientes, que a veces me revuelcan a propósito.
Yo vengo de casas prendidas fuego, de ropa hecha llamas, muy brillante. Muy caliente, nada similar al frío de tanta agua.
Y me extraña esta nueva sensación que me penetra los huesos.
Es divertido, puedo reirme de mí misma, de las viejas quemaduras, pero es tan raro empezar a ahogarme.
¿Estoy ahogada en vos o de vos?
Preguntame. Custioname. Haceme sentir eso que siempre quise ignorar. Aplastame hasta entender qué es lo que tengo mal, y si estoy mal, revolcame un poco más.
Atornillame y salvame la misma noche.
Perforémonos.
En el mejor de los sentidos, ahogame mientras tomo el agua de tu océano.
Desde mi lado más cursi, Tuya.
—Luzbelito.