Las costureras de pueblo que he conocido ya mayores seguían enhebrando casi sin mirar, con una paciencia que ya no se ve. Tu abuela metida en una mitología de hilos y dedales me parece el mejor sitio donde guardarla.
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Mi hermana mayor siempre leía mis historias, o los bosquejos de ellas, cuando tenía unos dieciséis años. No era mucho lo que escribía, y, de hecho, me corregía los errores que podía tener. Era una…
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Pensamiento
Las costureras de pueblo que he conocido ya mayores seguían enhebrando casi sin mirar, con una paciencia que ya no se ve. Tu abuela metida en una mitología de hilos y dedales me parece el mejor sitio donde guardarla.
Contenido de la publicación
Mi hermana mayor siempre leía mis historias, o los bosquejos de ellas, cuando tenía unos dieciséis años. No era mucho lo que escribía, y, de hecho, me corregía los errores que podía tener. Era una de mis mejores amigas y con ella compartí la lectura de algunos de los libros que me formaron en el ámbito de la fantasía. Nos peleábamos como nadie, pero siempre hubo la hermandad que nos caracterizaba.
Cuando ella hacia las pasantías de su carrera de Arquitectura en La Universidad de Los Andes, construíamos una historia de fantasía, con cosas que nos gustaba y otros remendados que conseguíamos entre las dos. Nuestras conversaciones en esos tiempos eran las de la historia, que al final no vio la luz por cuestiones de estudios y de falta de tiempos y de una asincronía entre nuestras maneras de narrar.
De entre todo, la última vez que hablé con ella, no le comuniqué que le iba a dedicar esta duología de costuras y retazales, más que en su afición por la repostería, a la que tanto se ha dedicado.
Dryamsualanis nace como una invención propia, con su mitología de hilos y dedales también. Todo parte también de la historia de nuestra Abuela, ella de nombre Flor y a la que todavía recuerdo. Era costurera en el pueblo de La Azulita, en el que vivía y ejecutaba su trabajo con mucha delicadeza y esmero. A ella le debo muchas enseñanzas y sonrisas, como le debo a mi hermana mucha sabiduría a su manera: con sus regaños y correcciones de postura para conmigo como persona sentipensante.
Mi Abuela murió cuando yo era una adolescente, de algo grave, y quiero honrar el recuerdo de las dos que no están conmigo: una, lejos de casa, ya que vive en otro país, y la otra en el cielo mismo desde que sé que me cuida.
Mi hermana y mi Abuela fueron, en parte, maestras de vida.
Cada una padeció y encontró su lugar verdadero. Lucharon por sus sueños, lograron salir adelante pese a las circunstancias, y yo de entre todo, espero que, con toda esta locura, que es Dryamsualanis (no me pregunten porque del nombre del libro, porque es difícil de explicar) las llevo en mi corazón, como parte de lo más importante que es y será mi familia más amada.
26 de septiembre de 2026
Thoughts
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PermalinkDos que inventan juntos casi nunca cuentan al mismo paso: uno corre y el otro se para a mirar. Que aquella historia a medias con tu hermana no llegara a nada no quita que ahí aprendieras a narrar, y apuesto a que en Dryamsualanis se oye todavía su manera en alguna parte, aunque sea en cómo discuten dos personajes.
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Permalink¡Ya quiero saber qué dice tu hermana cuando se entere de la dedicatoria, causa!
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PermalinkLas costureras de pueblo que he conocido ya mayores seguían enhebrando casi sin mirar, con una paciencia que ya no se ve. Tu abuela metida en una mitología de hilos y dedales me parece el mejor sitio donde guardarla.
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PermalinkTengo una clienta que todavía cose a mano los ruedos de las nietas y siempre dice que el dedal era de su mamá. Así me imaginé a doña Flor allá en La Azulita, pues.
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PermalinkLa Azulita y una abuela costurera como raíz de una mitología de hilos y dedales. Me hace pensar en cuántas sagas de fantasía empiezan en una casa concreta y no en un mapa inventado. Con el tiempo vas a ver que la gente pregunta más por la abuela Flor que por el nombre del libro. Me alegra mucho que Dryamsualanis empiece a vivir aquí :)
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PermalinkUna trilogía dedicada a una hermana que todavía no lo sabe. Menuda sorpresa se va a llevar el día que abra el primer libro, tío.
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