Qué flores más bellas, qué luna más vieja,
pero dónde quedó la simpleza
de la belleza de estar
sin ser una estrella.
Quedó en el susurro de la hierba baja,
en el agua clara que refleja ,
en la sombra humilde del sol que no festeja,
donde el alma sana y el ruido se aleja.
No hace falta luz que deslumbre al mundo,
basta con el punto de un suelo profundo.
Ser paisaje quieto, ser viento que pasa,
volver a la tierra, regresar a casa.