Con las ruinas en su proceso de extinción, y con los indiferentes acechando, ya se vuelve más clara la chispa que nace en nosotros.
Aquel deber eterno que se presenta al iniciar la hora de los héroes que nos exige la entrega bendita de nuestro cuerpo y alma.
Marchar hasta las puertas del hades con sonrisa y amor.
¡Sobre todo el amor! Y la rendición de cuentas carecerá de pavor.
Esta es la mayor verdad que el hombre debe aceptar.
Sin miedo.
Porque no encontrarás el tesoro acá, lo verás del otro lado.
-JUAN ANTONIO HERNANDORENA ORTÍZ