Me hiciste recordar una amiga que nos dejamos queriéndonos. Yo le insulte el novio y ella “no me perdono”. Se consiguió dos novios ahora, que supongo es una forma bastante eficiente de administrar el perdón.
Yo hubiera querido haberle pedido que me abrazara, aunque fuera una sola ves, para borrar un poquito la soledad, esa cosa que uno carga sin saber donde ponerla y que a veces pesa mas que cualquier despedida.
Tu poesía es humana. Sale de las venas, de la falta de sueño, de los recuerdos que uno no sabe que todavía tenía guardados. Y eso, curiosamente, es algo que no se puede fabricar tan facilmente.
Yo renuncié a la IA, hasta que aprendí a escribir solito. Y ahora, en vez de pedirle a la IA que escriba por mi, me toca regañarla para que no se robe mi voz, no me cambie una intención por otra, ni me convierta una herida en una frase demasiado bonita.
Porque el espacio latente está donde lo busques. Puede ser ChatGPT, Gemini, o el fondo de una botella de vino solitario, dependiendo de la noche.
Y tu poesía logró algo que no lograba la poesía en mi desde hace tiempo:
traerme un perfume.
Gracias.