Me quedé pensando en la clase turista y en que casi todos los personajes de Woody Allen tienen dinero de sobra, pero lo que les pasa de verdad pasa en un taxi o bajo la lluvia, nunca en el hotel caro. Midnight in Paris es casi la misma historia: Gil quiere caminar mojado por París y su prometida solo quiere volver al hotel. Gatsby al menos encuentra a Chan.
A Rainy Day in New York (Día de lluvia en Nueva York) — Cuando la fantasía no alcanza
Pensamiento
Me quedé pensando en la clase turista y en que casi todos los personajes de Woody Allen tienen dinero de sobra, pero lo que les pasa de verdad pasa en un taxi o bajo la lluvia, nunca en el hotel caro. Midnight in Paris es casi la misma historia: Gil quier
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Se siente como una película sobre el momento exacto en el que una fantasía empieza a resquebrajarse. No por un golpe dramático, sino por desgaste. Por pequeñas desintonías. Por expectativas que no coinciden del todo… o que pesan demasiado.
Gatsby vive bastante enamorado de una idea. De Nueva York como promesa, del romance como ritual, de la lluvia como música de fondo. Cree que si el contexto es el indicado (jazz, Manhattan, un hotel elegante, una caminata bajo el agua) todo debería encajar. Pero la película entiende algo más adulto y bastante más incómodo: El amor no es solo clima, es sincronía. Y cuando esa sincronía no existe, ni la ciudad más hermosa alcanza.
Por eso me gusta que el viaje con Ashleigh empiece con Gatsby prácticamente diseñando el fin de semana perfecto. Tiene lugares a los que quiere llevarla, planes, restaurantes, momentos que ya imaginó antes de que sucedan. Él no solamente quiere pasar tiempo con ella: quiere que la realidad se parezca a la película que armó en su cabeza.
Y obviamente no sucede.
Ashleigh entra en su propio recorrido por Nueva York, fascinada por ese mundo del cine que empieza a abrirse frente a ella, mientras Gatsby queda cada vez más desplazado de aquello que había imaginado. Y no creo que la película necesite convertirla en una villana. Hay cariño, hay atracción, seguramente hubo momentos genuinos entre ellos. Pero también hay ritmos distintos.
A veces eso alcanza para que algo no termine de acomodarse.
No porque falte amor o porque alguien haya hecho algo imperdonable, sino porque dos personas pueden estar juntas y, aun así, no estar paradas emocionalmente en el mismo lugar.
Y ahí aparece Chan.
Lo interesante es que con ella Gatsby no necesita fabricar tanto el momento. Hay una complicidad mucho más natural. Se conocen, se provocan, discuten, recuerdan cosas. Chan incluso cuestiona esa imagen romántica que Gatsby tiene de sí mismo. Y cuanto menos intenta controlar lo que está pasando, más genuina parece la conexión.
En una escena que parece menor, pero que a mí me quedó bastante, Gatsby dice: “por desgracia volamos en clase turista”. Ella pregunta qué significa eso. Y la idea me quedó flotando: no siempre es un viaje cómodo.
Creo que la película habla bastante de eso.
Los vínculos reales no son primera clase. No garantizan glamour, comodidad permanente ni que todo salga exactamente como lo imaginamos. A veces hay silencios, esperas, incomodidades, discusiones y momentos raros. Y aun así pueden ser mucho más verdaderos que una fantasía perfectamente diseñada.
La lluvia vuelve una y otra vez y me gusta pensarla desde ese lugar. Puede ser romántica, claro. Woody Allen filma Nueva York bajo la lluvia como si fuera imposible no enamorarse de ella. Pero también moja, incomoda, arruina planes y obliga a cambiar el recorrido.
La diferencia no está en la tormenta. Está en con quién estás dispuesto a mojarte.
Y Nueva York funciona como mucho más que un fondo. Como suele ocurrir en el cine de Woody Allen, la ciudad está completamente idealizada: hoteles, bares, departamentos, taxis, piano, calles mojadas. Es una Nueva York construida desde el recuerdo y el deseo.
Pero justamente por eso funciona tan bien el contraste. Gatsby está rodeado del escenario romántico que siempre quiso y, sin embargo, empieza a entender que está acompañado por la persona equivocada para vivirlo.
Hay además algo importante en la conversación con su madre. Gatsby pasó buena parte de su vida juzgándola y rechazando el mundo al que pertenece su familia. Pero cuando ella finalmente le cuenta su pasado, esa imagen también se rompe. Descubre que detrás de aquello que él había reducido a una apariencia existe una persona con una historia que nunca conoció.
Y eso dialoga bastante bien con el resto de la película: Gatsby empieza a descubrir la distancia entre las ideas que construimos sobre las personas y quienes esas personas realmente son.
Le pasa con su madre.
Le pasa con Ashleigh.
Y, de alguna manera, también le pasa consigo mismo.
Porque crecer no siempre consiste en descubrir qué queremos. A veces consiste en reconocer que aquello que creíamos querer ya no nos alcanza. Y eso puede ser bastante más incómodo, porque significa aceptar que una fantasía en la que invertimos muchísimo quizás solamente funcionaba mientras permanecía en nuestra cabeza.
Por eso el final me gusta tanto.
Gatsby termina entendiendo que el problema nunca fue que Nueva York no estuviera a la altura de su fantasía. La ciudad estaba ahí: la lluvia, el reloj, las calles, el romanticismo. Lo que estaba equivocado era intentar obligar a una relación a entrar dentro de esa imagen.
Y cuando finalmente deja de hacerlo, aparece Chan. No en el restaurante perfecto, no dentro de un plan cuidadosamente preparado. Aparece bajo el reloj, bajo la lluvia. Y se besan.
Es un final extremadamente romántico, pero creo que funciona justamente porque Gatsby tuvo que abandonar primero su idea del romance para poder encontrar algo que se sintiera realmente romántico.
A Rainy Day in New York trata de hacernos entender que crecer no siempre es elegir bien, sino aceptar que no todo lo que se siente puede sostenerse en el presente. Que querer no siempre alcanza. Y que soltar la expectativa (qué tema en mi vida) también puede ser una forma de autocuidado.
Al final, lo que queda no es la fantasía perdida, sino una intuición bastante más honesta: El verdadero romance no está en la ciudad, ni en la lluvia, ni en la música. Está en encontrar a alguien con quien aceptar que el viaje no siempre va a ser cómodo.
Y creo que cuando alguien importa, no debería ser necesario que todo sea perfecto.
Con que sea real, aunque sea en clase turista, alcanza.
Thoughts
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PermalinkJusto después de On the Rocks, otra Nueva York donde alguien se arma en la cabeza la pareja que tiene al lado.
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PermalinkLa charla con la madre me interesa más que todo lo de Chan, y la película la despacha en una escena. Un hijo que se entera a esa edad de quién fue su madre antes de él no vuelve igual a casa.
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PermalinkMe quedé pensando en la clase turista y en que casi todos los personajes de Woody Allen tienen dinero de sobra, pero lo que les pasa de verdad pasa en un taxi o bajo la lluvia, nunca en el hotel caro. Midnight in Paris es casi la misma historia: Gil quiere caminar mojado por París y su prometida solo quiere volver al hotel. Gatsby al menos encuentra a Chan.
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PermalinkLa distinción entre clima y sincronía es la mejor herramienta de todo el texto. Pero hacia el final "real" hace dos trabajos distintos: a veces significa lo que no se planeó y a veces significa lo incómodo. Con Chan pasan las dos cosas juntas y por eso parece que una prueba la otra. Sospecho que Allen hace trampa ahí, che: el beso bajo el reloj con lluvia es tan de postal como el hotel que Gatsby había reservado. Lo único que cambió es quién eligió la postal.
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