Suave se despide la noche,
como si no la observara.
Yo, que en el hastío de mi cama,
estos versos le dedico.
Compañera leal, del insomnio y el libro.
Pero también de los ratos, de tiempo
confuso,
en que juego a ser libre en mi morada.
-
Clandestina noche, te vas por esa cuadra,
segura y aburrida, que sabés llamar
destino.
Sin embargo, siento que una pena te acompaña.
Como si estos versos te hubiesen dolido.
-
Sé, ahora, que te has ido. Desde el hastío
de mi cama, empiezo a vislumbrar el alba,
que me encuentra con las luces
de su magia, todavía pensativo.
-
¿Habría sido ese nuestro último adiós?