Mientras esperaba por ti, llegaron por mí.
Y qué irónico resulta pensar que yo estaba mirando hacia una sola dirección, esperando que algún día decidieras venir hacia mí, mientras había personas que sí estaban dispuestas a acercarse.
Personas que querían conocerme.
Que querían compartir conmigo.
Que no necesitaban que les rogara atención.
Pero yo no las veía.
Porque cuando tu corazón está esperando a alguien, a veces no importa cuántas personas aparezcan.
Tus ojos siguen buscando a la misma persona.
Y quizá ese fue mi error.
Esperar demasiado tiempo a alguien que nunca tuvo la certeza de querer quedarse.
Pensar que si tenía un poco más de paciencia, si hacía las cosas mejor o si esperaba un poco más, algún día tú llegarías con la misma intención con la que yo te estaba esperando.
Pero el tiempo pasó.
Y mientras yo seguía esperando una señal tuya, la vida seguía poniendo personas en mi camino.
Algunas se acercaron con buenas intenciones.
Otras simplemente querían conocerme.
Y entonces entendí algo:
No puedo pedirle a la vida que se detenga mientras espero a alguien que no sabe si quiere formar parte de ella.
Porque mientras yo estaba esperando que tú me eligieras, también estaba dejando pasar oportunidades de conocer personas que quizá sí habrían sabido valorar mi presencia.
Y no, no significa que debiera elegir a cualquiera solamente porque estaba dispuesto a quedarse.
Tampoco significa que alguien nuevo pueda reemplazarte.
No funciona así.
Simplemente significa que aprendí que no quiero volver a poner mi vida en pausa por alguien que no tiene claro si quiere estar en ella.
Si algún día alguien llega, quiero conocerlo sin compararlo contigo.
Sin utilizarlo para llenar un vacío.
Sin buscar en otra persona aquello que todavía no he terminado de sanar.
Y si alguien decide acercarse, quiero poder mirarlo de verdad.
Porque mientras esperaba por ti, llegaron por mí.
Y quizá la lección no era escoger rápidamente a alguien más.
Quizá era entender que yo también merezco ser buscada.
Merezco que alguien tenga ganas de conocerme.
Merezco reciprocidad.
Y, sobre todo, merezco dejar de esperar en una puerta que quizá nunca pensaba abrirse.
Así que si algún día te preguntas qué pasó mientras yo te esperaba…
La vida siguió.
Y yo también. 🤍