Saltar al contenido
Cargando…

6to viaje: Visita al Monumento Las Tetas de María Guevara

Amortes22
Pública 5 conversaciones 9 pensamientos 24 votos positivos 0 votos negativos 1 serie

Pasaron dos semanas desde que Ferdra lanzará su primer Live Streaming, y para alegrar a sus seguidores preparó un viaje inolvidable, a un sitio que nunca había visitado y le gustaría reportar, Dos…

En series

In groups

Contenido de la publicación

     Pasaron dos semanas desde que Ferdra lanzará su primer Live Streaming, y para alegrar a sus seguidores preparó un viaje inolvidable, a un sitio que nunca había visitado y le gustaría reportar, Dos días después había tomado un Ferry de 4 horas por el caribe hasta llegar a Punta de Piedras - Margarita.

     La brisa marina de Nueva Esparta sopla con fuerza mientras Fer desembarca en la Isla de Margarita, conocida desde tiempos coloniales como la "Perla del Caribe". Tras recorrer las calles históricas y disfrutar del bullicio de Porlamar, Fer decide buscar un encuentro más íntimo con la naturaleza indómita de la isla. y pensó, me voy al Monumento Natural Las Tetas de María Guevara, esos dos cerros gemelos que emergen de la llanura costera como centinelas eternos cerca de la laguna de la Restinga.

     Al llegar a las faldas de los cerros, el paisaje cambia. La vegetación de cardones y tunas adorna el camino, mientras el sol comienza a descender, tiñendo el cielo de matices púrpuras y anaranjados. Fer busca una zona despejada cerca de la base, asegurando su carpa para resistir el viento constante de la zona.

     Desde su posición, tiene una panorámica privilegiada de la Laguna de la Restinga a un lado y la inmensidad del Mar Caribe al otro. Al caer la oscuridad, el cielo se transforma en un manto de estrellas libre de contaminación lumínica. El sonido de los grillos y el lejano romper de las olas en la costa cercana son la banda sonora de su velada. En medio de la noche, un ruido extraño dentro de la carpa despertó a Fer. Al encender su linterna, el corazón se le paralizó: una culebra se había deslizado dentro del campamento, buscando refugio.  Su reacción inmediata fue una mezcla de terror y pura adrenalina. El primer instinto fue gritar, pero el miedo le congeló la voz. Se quedó completamente inmóvil, pegada a la pared de la carpa, sin apartar los ojos de la serpiente, que se movía lentamente cerca de sus pies. Después de unos segundos de shock, la necesidad de sobrevivir tomó el control. Con movimientos extremadamente lentos y cuidadosos para no asustar al reptil, Fer logró retroceder hacia la salida de la carpa. Con el pulso a mil por hora, abrió la cremallera con sigilo y salió disparada hacia la noche, finalmente a salvo, aunque temblando incontrolablemente por la aterradora experiencia. Fue un recordatorio de lo impredecible que puede ser la naturaleza.

     Fer se despierta con los primeros rayos del sol golpeando la lona de su carpa. La luz de la mañana resalta la silueta perfecta de los cerros, que según la tradición local, llevan el nombre de una joven mestiza que luchó en la guerra de independencia. Con su cámara en mano, Fer recorre los senderos circundantes, capturando la textura de las rocas y la resistencia de la flora xerófila. Tras un café preparado al fuego, Fer empaca su equipo. La aventura en la "Isla de la Perla" apenas comienza, y el siguiente destino podría ser el misticismo de los manglares o la paz de las playas del norte.

     "Bajo la sombra de las Tetas de María Guevara, el tiempo parece detenerse, recordándonos que la verdadera riqueza de Margarita no está solo en sus perlas, sino en la fuerza de su tierra." Tras el sobresalto en las Tetas de María Guevara, Fer busca la serenidad de las aguas tranquilas. El viaje continúa hacia el corazón de la isla, donde el paisaje árido se rinde ante el verde profundo del Parque Nacional Laguna de La Restinga.

     Ferdra llega al embarcadero de El Indio bajo un sol radiante. Allí, la espera una de las embarcaciones típicas —los populares "tapaítos"— listos para surcar la albufera. Al subir al bote, el motor fuera de borda ruge suavemente y la embarcación se desliza sobre un espejo de agua salada que refleja el cielo margariteño.

     A medida que se adentra en el manglar, la temperatura desciende y el aire se vuelve más denso y húmedo. Fer observa con fascinación cómo las raíces aéreas de los manglares rojos se entrelazan como dedos que emergen del agua para sostener la vida.

     El botero guía a Fer a través de canales estrechos con nombres románticos y curiosos. Las ramas de los árboles se cierran sobre sus cabezas, creando túneles naturales donde la luz se filtra en hilos dorados. llamado tunel del amor.

     Fer se inclina sobre la borda para ver las estrellas de mar que reposan en el fondo arenoso y los pequeños caballitos de mar que se sujetan a las raíces subacuáticas. En las ramas, los cormoranes y las garzas blancas vigila. Mientras el "tapaíto" se interna en un canal poco transitado, el botero apaga el motor. El silencio en La Restinga es absoluto, roto solo por el chasquido de los crustáceos entre las raíces. Fer nota que el agua, antes verdosa, se torna de un azul cristalino y profundo en un recodo escondido que no aparece en los mapas turísticos.

     Escondido tras una cortina de mangle negro, Fer descubre una pequeña ensenada circular. En el fondo, la luz del mediodía penetra hasta el lecho marino, revelando un "secreto" que explica por qué Margarita fue bautizada así por los exploradores.

    Miles de valvas de ostras antiguas, descartadas hace siglos o acumuladas por las corrientes, tapizan el fondo. Al moverse el agua, destellos plateados y tornasoles suben a la superficie, creando una ilusión de tesoros sumergidos.

     Entre las raíces más gruesas, Fer divisa a un enorme Rey de los Gavilanes (o un Águila Pescadora) custodiando un nido inmenso. El ave no huye; observa a Fer con una autoridad que sugiere que ella es la verdadera dueña del secreto.

     Al tocar el agua, Fer siente una vibración distinta. El botero le susurra una historia local: se dice que en estos canales más profundos, los antiguos buscadores de perlas escondían sus hallazgos de los piratas, y que aún hoy, en las noches de luna llena, el manglar "devuelve" pequeñas perlas a quienes saben escuchar el murmullo de las hojas.

    Ferdra encuentra, atrapada en una raíz a nivel del agua, una pequeña concha cerrada con un tono rosado inusual. No la abre; la observa, maravilla de la simetría natural, y la devuelve al agua, entendiendo que el verdadero secreto no es la joya, sino la paz imperturbable de este refugio en su paso con elegancia silenciosa.

    La travesía culmina en la Playa de La Restinga, una extensión infinita de 22 kilómetros formada no por arena fina, sino por millones de fragmentos de conchas y caracoles. Al bajar del bote, Fer siente el crujido rítmico bajo sus pies, un sonido único que solo esta playa puede ofrecer. El azul intenso del Mar Caribe choca contra la orilla, creando una espuma blanca que resalta el color nacarado de las conchas.

    Para Ferdra, llegar a La Restinga no es solo visitar un parque; es entender la conexión vital entre el mar y la tierra, donde cada canal cuenta una historia de resistencia y belleza natural.

Fer comenta a gritos...!!

!!!ahora vamos a hacer las siguientes rutas!!!

1.- Ruta Gastronómica: Salir del manglar hacia las rancherías de pescadores para probar las famosas empanadas de cazón y ostras frescas. - ¡Con el hambre que tengo!

2.-Ruta Histórica: Vamos al Castillo de San Carlos Borromeo en Pampatar para ver la isla desde las alturas de sus murallas coloniales.

3.- Ruta de Leyendas: Después vamos a buscar a un artesano local en el Valle del Espíritu Santo que le cuente sobre los misterios de la Virgen del Valle..

     Tras dejar atrás el susurro de los manglares, Ferdra siente una llamada distinta: la de la fe y el misterio que envuelve al corazón de la isla. Se dirige hacia el Valle del Espíritu Santo, donde las montañas de Margarita parecen abrazar al pueblo en un recogimiento sagrado. Al llegar a la Basílica Menor, el aire huele a jazmín y a incienso. Fer camina entre los puestos de artesanías hasta encontrar a Don Roger, un tallador de madera cuyas manos, curtidas por el sol y el salitre, sostienen una pequeña figura de la "Virgencita".

     Don Roger invita a Ferdra a sentarse bajo la sombra de un níspero y, con voz pausada, le revela la leyenda que conecta su hallazgo en la laguna con la patrona de los pescadores: Le cuenta que hace siglos, un buzo llamado Domingo subió a la superficie con una herida gangrenada en la pierna. Desahuciado, le pidió a la Virgen que lo sanara. A cambio, él le entregaría la primera perla que hallara. Al sumergirse de nuevo, encontró una ostra gigante que contenía una perla con la forma perfecta de su propia pierna, completa hasta con la cicatriz que ya se le había curado milagrosamente.

     Fer descubre que el brillo que vio en el fondo del manglar no era solo nácar. Según Don Roger, la Virgen deja rastros de su manto en las aguas de La Restinga para guiar a los navegantes perdidos en las noches sin luna.

Entra en la Basílica en silencio. Frente a la imagen de la Virgen del Valle, observa los cientos de "exvotos" (pequeñas figuras de plata y oro) que representan milagros concedidos. Fer recuerda la pequeña concha rosada que devolvió al agua en el manglar. Comprende que ese acto de respeto fue su propia ofrenda a la naturaleza de la isla. Antes de irse, Don Roger le entrega un pequeño trozo de madera de guayacán pulida.

"Para que el camino siempre sea firme", le dice con una sonrisa enigmática.

     El sol comienza a ocultarse detrás de los cerros de San Juan. Fer prepara para la mañana siguiente dos paseos: Subir a las murallas de Santa Rosa en La Asunción, donde se dice que el fantasma de una joven todavía espera a su amado frente al mar e ir a Playa El Yaque para ver a los coloridos kitesurfs danzar con el viento, una leyenda moderna de libertad y velocidad.

    El viaje de Ferdra por la Isla de Margarita llega a su fin. Tras despedirse de Don Roger y de la brisa salada de El Valle, se dirige al Aeropuerto Internacional Santiago Mariño. Fer se acomoda en su asiento junto a la ventanilla. Mientras el avión carretea por la pista, repasa mentalmente las imágenes de su aventura: el perfil imponente de las Tetas de María Guevara, el susto de la culebra en la carpa y el brillo místico de los manglares.

     Al despegar, el avión vira hacia el oeste. Fer alcanza a ver por última vez la línea blanca de La Restinga dividiendo el mar de la laguna. Desde el aire, las islas de Coche y Cubagua parecen manchas de color turquesa sobre el azul profundo. Tras cruzar el mar, el paisaje cambia. Las nubes empiezan a rodear los picos de la Cordillera de la Costa. Fer observa cómo la geografía se vuelve más accidentada y verde a medida que se acerca a su destino.

     Al cruzar el umbral de su hogar, Fer deja las maletas a un lado. Siente el cansancio del viaje, pero también una energía renovada. La "Isla de la Perla" se queda atrás, pero sus leyendas y el susurro de sus manglares ahora forman parte de su propia historia.


Thoughts

  • rellenoPuro

    Me tomó 14 minutos. Luego me quedé haciendo la cuenta de cuántas conchas caben en 22 kilómetros de playa y me rendí en los millones.

    Permalink
  • no_pica_nada

    Fer muerta de hambre saliendo del manglar rumbo a las empanadas de cazón, y yo aquí sin almorzar. ¡Eso no se hace! 😅

    Permalink
  • Ovid

    La leyenda de Domingo y la perla con la forma de su pierna, cicatriz incluida, no la conocia y me encanto. Me recuerda a esas paredes de iglesia llenas de piernas, manos y corazones de metal, cada uno con su historia. Apuesto a que Fer se lleva de Margarita mas leyendas que fotos, y que en el proximo viaje se va a notar :)

    Permalink
  • versoenservilleta

    Oye, la concha rosada que Fer no abre y devuelve al agua me ha parecido lo mejor de este viaje, y luego vuelve en la basílica, delante de los exvotos, cuando entiende que esa fue su ofrenda. En los otros viajes Fer siempre se trae vídeo y fotos, y aquí por primera vez deja algo. Apuesto a que la madera de guayacán de Don Roger aparece en el viaje que viene, porque nadie regala algo para que el camino sea firme si no hay un camino difícil delante.

    Permalink

Related posts

  • 8vo viaje: Ruta de los Corales Cristalinos

    El viento cálido de la tarde entraba por la ventana mientras Ferdra tenía abiertas en la pantalla de su computadora una docena de pestañas. Llevaba semanas escuchando el rumor del mar del Caribe,…

  • 7mo viaje: Ferdra recibe invitación de un seguidor

    En colaboración con en Pentagrama de Castleberry @DaveOaks

  • Sargento López.

    El uniformado se levantó de la silla de un salto, agarró la campera de cuero vieja del respaldo y se la puso de un tirón; subió el cierre hasta taparse el cuello, como si quisiera protegerse incluso…

  • ECOS DE UNA MANADA CAP.6

    Capítulo 5 — voz del narrador:

  • POEMA SOLO

    Un poema está sangrando por encima de las lomas.

  • El Peso de la Divinidad

    Llevo noches sin dormir, repasando cada día, todos los días, repitiendo en un ciclo infinito, un paraíso infernal de mis memorias, cascada de recuerdos de mi destructivo amor propio, forjado por la…

  • CARTAS DE UN ENAMORADO SIN RECUERDOS, Capítulo 3

    CEMENTO Y SEDUCCIÓN

  • Escribo y luego pienso

    No, pero ¿Y si sí? ¿Por qué negar?¿Por qué la primera respuesta a todo es un no? Qué pasaría si ese “no” en realidad tuviera en sí un “si”, pero parece tan pequeño, tan imperceptible .