La invocación del anciano solo les promete memoria, y lo hace la misma mañana en que van a bajar a someterse a las encomiendas. A mí eso me parece de lo más honrado que se puede decir en un momento así, sin fingir que los espíritus de la montaña les van a devolver el valle. Me pregunto cuántas plegarias de ese siglo sonaban igual, pidiendo que alguien se acordara de ellos y nada más.
3. AL Rescate en el Waraira Repano
Pensamiento
La invocación del anciano solo les promete memoria, y lo hace la misma mañana en que van a bajar a someterse a las encomiendas. A mí eso me parece de lo más honrado que se puede decir en un momento así, sin fingir que los espíritus de la montaña les van a
Contenido de la publicación
Al amparo de la madrugada, los tres guerreros emprendieron el ascenso sigiloso por las laderas escarpadas de la gran montaña, el Waraira Repano. Allí, en las quebradas más profundas, entre densas brumas y cunas de árboles gigantes, donde el caballo del conquistador no podía ingresar, se hallaban ocultas sus familias junto a ancianos y niños.
Al amanecer tras cruzar el sendero estrecho, hacia el desfiladero de piedra húmeda conocido como la Garganta del Jagua, Guiados por el piar de las aves nocturnas y señales secretas marcadas en la corteza de los árboles, sobre el acaudalado río Curupao del Waraira Repano, aguas milagrosas y purificadas, rodeado de plantas de orégano orejón, malojillo, flor de clavellina, matas de mango y aguacate. Al fondo suenan los cantos de los Azulejos, toritos negros, tortillitas de colores. A su alrededor la compañía de Venados, morrocoyes, chiguires, Lapas. Súcuta, Neri y Aram hallaron las pequeñas chozas provisionales improvisadas en las nacientes del río de las tres cascadas de Salmerón.
El abrazo con sus mujeres, hijos y madres fue un ahogado llanto de alivio en medio del miedo.
La princesa del curupao corrió a los brazos de Súcuta, le entregó los caracoles de río y piedras lisas de cuarzo recogidas del fondo de las pozas, por su regreso.
Súcuta:
Siku mi gran Auri, sonrisa de la Luna! mi alma se mantuvo con el viento de las montañas, mi mente te visualizaba y me daba fuerza para luchar y regresar a casa.
Súcuta tomó la palabra ante los suyos. Explicó:
El valle de Pacairigua ya no nos pertenece, fue tomado por la fuerza de las armas por el invasor, ellos dominan la sabana.
Neri continuó:
Para salvar la semilla de su pueblo y evitar que la cacería de guerreros por lo Karaiba terminaran por borrar el nombre de los huerenas y chagaragotos, debemos descender y someternos a la nueva realidad.
El Abuelo Taman y Cauri el padre de Súcuta, prepararon a los tres guerreros a realizar la ceremonia de purificación y limpieza del cuerpo y espíritu tras la batalla, el cuerpo del guerrero indígena era conducido con solemnidad hasta las riberas del río Curupao. Allí, en la corriente cristalina de la naciente, se realizaba el ritual donde el agua fría lavaba la sangre y el polvo del combate, devolviendo la paz al cuerpo.
La preparación y el avituallamiento
Mientras Taman y Cauri preparaban los arcos de madera dura y las macanas, los sabios y piaches realizaban ceremonias de bendición para los combatientes que regresaban de la lucha. - Soplaron humo de tabaco sobre las puntas de las flechas para purificarlas y protegerlas. Untaban el pecho de los guerreros Súcuta, Neri y Aram con tinturas de onoto ungüento protector y aceite de seje.
El anciano hacía invocaciones para encomendar los guerreros a los espíritus protectores de las montañas y cumbres sagradas:
!!!Escuchen las altas cumbres del Waraira Repano y las aguas profundas del Curupao! ¡No marchan al olvido los bravos hijos del Pacairigua, pues Súcuta, Neri y Aram han labrado con su sangre el escudo de nuestra estirpe!
¡Sus flechas cumplieron el destino del valor, y su memoria arde incorruptible en la raíz del pueblo!»
Al mismo tiempo las mujeres acompañaron a Zari (Madre de Súcuta) a realizar la bebida espiritual: chicha fuerte.
Zari y la princesa del Curupao:
Debemos hacer la fermentación del maíz y yuca, fundamental para sellar su compromiso de lealtad y que transmita su fuerza colectiva a los guerreros.
Apliquemos las técnicas para iniciar la fermentación y descomposición de los almidones, moler o masticar parte del grano, utilizando nuestra saliva como agente fermentador natural para acelerar la creación de azúcares y alcohol. La masa obtenida vamos a cocinarla en grandes vasijas de barro, y dejamos reposar en lugares seguros (como el centro de la churuata) durante varias horas, permitiendo que la bebida adquiere la fuerza alcohólica y la consistencia espesa deseada para las ceremonias.
Zari a las mujeres,
Montemos una gran barbacoa: Utilicen una estructura de madera rústica elevada sobre la tierra, vamos asar y cocinar lentamente el chiguire y las otras carnes obtenidas en la cacería, aderecen y conserven la carne de caza con ají y las especies.
Sancohen Yucas y papa.
La madre de Súcuta con toda la alegría de ver a su hijo vivo, preparó un verdadero festín.
Al día siguiente el descenso hacia la naciente del Curupao y el valle de pacairigua fue un camino de resignación y dignidad. Súcuta, Neri y Aram encabezaron la marcha de las familias que salían de la espesura del bosque sagrado para encontrarse con un paisaje transformado por la presencia de las fuerzas externas y los primeros repartimientos de las encomiendas.
Despojados de sus tierras de combate y obligados a adaptarse al dominio colonial, el retorno de Súcuta y sus compañeros aseguró la supervivencia física de sus seres queridos, sembrando en la memoria del corazón de Hiebazal historia invariable de aquellos hombres que lucharon hasta el límite por la libertad de sus tierras.
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Thoughts
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PermalinkEl malojillo me hizo sonreír, en Bogotá le decimos limoncillo y en mi casa se toma con panela. Me gustó mucho que el capítulo se detenga a nombrar las plantas, los pájaros y los animales del río antes del abrazo, porque así uno entiende todo lo que dejan atrás al bajar.
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PermalinkLa invocación del anciano solo les promete memoria, y lo hace la misma mañana en que van a bajar a someterse a las encomiendas. A mí eso me parece de lo más honrado que se puede decir en un momento así, sin fingir que los espíritus de la montaña les van a devolver el valle. Me pregunto cuántas plegarias de ese siglo sonaban igual, pidiendo que alguien se acordara de ellos y nada más.
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