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Homo Argentun: La monstruosidad cotidiana

Moebius

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La monstruosidad cotidiana

He dejado pasar el tiempo para que mi emocionalidad no interfiriera con mi honestidad intelectual. Y volví a ver Homo Argentum: sí, es la peor película argentina del siglo. Pero antes de explicar por qué, les comparto un artículo sobre la película que intentó imitar Francella:

"Elogio de Los monstruos (I mostri, 1963) de Dino Risi

Hay una extraña e inconfesable honestidad en el espectáculo de la propia pequeñez. En una época condenada a la tiranía del pensamiento bienintencionado, al decoro prefabricado y a la pedagogía de las buenas costumbres, la mirada del espectador contemporáneo encuentra un refugio casi milagroso en la risa desalmada. Por eso es preciso ensalzar —sin culpa y con absoluta gratitud— una obra como Los monstruos (I mostri, 1963) de Dino Risi, un verdadero monumento a la ruindad humana erigido en el corazón mismo del llamado «milagro económico» italiano.

Bendito sea el genio de Risi y de la estirpe de guionistas de la commedia all'italiana por haber comprendido que el verdadero monstruo jamás habita en las tinieblas ni se oculta tras máscaras de caucho. El monstruo auténtico viste de traje a la medida, sonríe a la cámara, saluda al vecino con impostada cordialidad y conduce el último modelo de automóvil recién salido de la línea de montaje. Elogiemos, pues, la lucidez de esta película que despojó a la monstruosidad de sus atavíos góticos para devolverla a su hábitat natural: el pavimento soleado, la sala de estar, la playa abarrotada, el tribunal de justicia y la mesa familiar.

En sus veinte bocetos fulminantes, Los monstruos no juzga; expone con la precisión de un cirujano y la indiferencia de un entomólogo. Vaya nuestro elogio al camaleónico talento de Vittorio Gassman y Ugo Tognazzi, dos titanes de la escena que aceptaron la misión de encarnar, sin pudor ni vanidad, todo el abanico de las miserias humanas. En sus rostros transfiguran la cobardía en picardía, la corrupción en pragmatismo y la falta de empatía en sentido común. Hay un placer estético insuperable en observar la desenvoltura con la que sus personajes mienten, traicionan, estafan y manipulan, convencidos siempre de ser los protagonistas absolutos de su pequeña comedia privada.

Elogiemos la brevedad implacable de sus episodios. Risi no necesita explicaciones ni desenlaces morales que tranquilicen la conciencia del público. Le bastan dos o tres minutos para levantar el velo de la cortesía burguesa y mostrar el abismo que hay detrás: un padre que enseña a su hijo a ser tramposo para que «no lo pasen por encima»; un jurado que condena por mero aburrimiento; un ciudadano que llora con teatralidad la muerte de su amigo solo para robarle la amante. La película opera como un espejo de aumento donde la fealdad no produce espanto, sino una carcajada liberadora e incómoda.

Celebrar Los monstruos es, en última instancia, celebrar la comedia como la forma más alta de sociología. Frente al neorrealismo que buscaba la redención en la tragedia de los desposeídos, Risi tuvo el coraje de retratar la victoria de los mediocres. Su película es un canto a la imperfección, un antídoto contra el cinismo bienpensante y una prueba irrefutable de que no hay nada más ridículo, ni más humano, que nuestros propios vicios cuando son filmados a plena luz del día.

Por haber convertido el egoísmo en una de las bellas artes y por haber tenido la osadía de hacernos sonreír ante nuestro propio reflejo, la obra maestra de Dino Risi merece ocupar un lugar de honor en el panteón de las grandes sátiras de la historia del cine."

...Si en Los monstruos Dino Risi retrató las pequeñeces y miserias cotidianas del ciudadano italiano del boom económico, Homo Argentum traduce ese mismo ADN satírico al laboratorio sociocultural argentino, pero mal. Ambas obras operan como espejos deformantes de la idiosincrasia urbana: utilizan la viñeta breve, la picaresca y el humor ácido para exponer cómo la avivada, el egoísmo, la falta de empatía y la trampa institucionalizada no son excepciones marginales, sino la norma con la que el ciudadano común navega su propia supervivencia y estatus.

Pero Homo Argentum busca el efectismo barato: el guiño cómplice de la sociedad pacata de derecha de Argentina. Los monstruos satiriza a la sociedad italiana; Homo Argentum la ridiculiza casi al límite de la falta de respeto.

Pongamos una de las mejores películas del cine argentino, Relatos salvajes: vean las dos seguidas y verán mi punto. Ahora vean Los monstruos y luego la de Francella... no más preguntas, señor juez. Y no la comparo con Felicidades, de Lucho Bender, porque no quiero ser cruel.

En fin. El cine debe reflejar a una sociedad cuando ese reflejo es como el de los espejos distorsionados de las ferias; no puede tomarse en serio.

Thoughts

  • plazofijo

    ¡Pobre Lucho Bender, che!

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  • ticketAbierto

    Me anoto lo de verlas seguidas, Relatos salvajes y después la de Francella. Sospecho que el contraste se nota desde la primera viñeta.

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