Las historias de pueblo me llegaron. La del mar, la de la memoria. Bueno hecho.
100 poemas
I
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Pensamiento
Las historias de pueblo me llegaron. La del mar, la de la memoria. Bueno hecho.
Contenido de la publicación
I
Amanece en el valle sin ruido,
la niebla se aleja despacio,
y el sol, en su libre palacio,
despierta lo que estuvo dormido.
El viento entre ramas murmura
canciones de un tiempo lejano,
mientras el camino lejano
se pierde en la verde espesura.
No hay prisa en el ritmo del día,
el tiempo tan solo discurre,
y el alma, sin ver lo que ocurre,
encuentra de nuevo su guía.
II
Ruedas de hierro y engranes,
relojes que nunca se paran,
ciudades que al cielo se amparan
entre mil proyectos y planes.
Luces que brilla en la noche,
senderos de asfalto y cristal,
un mundo de prisa constante
que busca su meta final.
Mas cuando la luz se apaga
y cede la gran multitud,
queda en la vasta penumbra
la breve y veloz quietud.III
El mar en la orilla rompe,
las olas vienen y van,
historias de sal y espuma
que nunca se acabarán.
Soplos de brisa marina
rozan la fría arena,
el horizonte gigante
todas las penas serena.
Marea que sube y baja
en un continuo compás,
nos deja sobre la costa
misterios que quedan atrás.
IV
Cruje la chispa encendida,
nace una danza de fuego,
fuerza viva en la penumbra
que empieza su antiguo juego.
Llama que alarga sus brazos,
calor que abraza la estancia,
trae recuerdos de antaño
desde una lejana infancia.
Al cabo se vuelve ceniza,
fuego que suave se apaga,
deja un destello susurrando
la paz que en la noche vaga.
V
Un viejo cofre de ecos,
fragmentos de lo vivido,
pasos que dejaron huella
rescatados del olvido.
Un rostro, una risa antigua,
un verso impreso en el aire,
palabras que aún se escuchan
sin prisa ni desaire.
La memoria es ese puente
donde el pasado se queda,
luz que en los años lejanos
ilumina cuanto pueda.
VI
Luces en la inmensidad,
chispas de un mapa distante,
las estrellas en la noche
brillan de forma constante.
Miran desde las alturas
el mundo en su girar,
mientras los hombres abajo
aprenden a contemplar.
Guías de antiguos marinos,
misterio del firmamento,
guardan secretos del cosmos
en el infinito aliento.
VII
Cae la hoja dorada,
el viento ensaya su canto,
el otoño viste el bosque
con su silencioso manto.
Los días se vuelven breves,
la tarde busca el refugio,
la naturaleza cambia
con un sereno artilugio.
Tierra que duerme tranquila,
desnuda de flor y fruto,
espera bajo la niebla
su necesario descanso.
VIII
Gotas golpean el vidrio,
ritmo constante y suave,
la lluvia lava la calle
y trae su propia clave.
Olor a tierra mojada,
frescura en la arboleda,
un lienzo de tonos grises
donde el afán se queda.
Cae del cielo la vida,
nutre la raíz sedienta,
tras el nublado suspiro
la calma pura regresa.
IX
Notas que flotan libres,
cuerdas que empiezan a hablar,
la música es el lenguaje
que el alma suele encontrar.
Vuela a través de las horas,
pinta emociones sin fin,
tristeza, alivio o alegría,
como un eterno jardín.
Suena el acorde sincero,
vibración en el espacio,
un refugio transparente
construido como palacio.
X
Pasa el minuto en silencio,
nada detiene sus pasos,
mide las vidas humanas,
construye mañanas y ocasos.
Río constante e invisible
que fluye hacia ningún lugar,
deja a su paso memorias
imposibles de borrar.
El tiempo nunca regresa,
regala cada segundo,
un hilo dorado y breve
que va tejiendo el mundo.
XI
Cae el telón del crepúsculo,
la noche llega veloz,
cubre con mantos oscuros
el descanso de la voz.
Girasoles de la sombra,
sueños que van a empezar,
un mundo de calma y luces
dispuesto para soñar.
Reposo para el cansado,
tregua en el gran camino,
la noche guarda el misterio
de nuestro propio destino.
XII
Maleta en la mano izquierda,
caminos por descubrir,
el viaje siempre nos llama
con ganas de ir y partir.
Paisajes desconocidos,
lenguas y calles nuevas,
aprender a cada paso
las cosas que te llevas.
Volver no es ser el mismo,
la ruta transforma la mente,
el viajero guarda siempre
un mundo bien diferente.
XIII
Cristal que refleja el rostro,
superficie transparente,
muestra la luz de fuera
y lo que el cuerpo siente.
Mirada que busca al fondo,
más allá del mero rasgo,
encuentra dudas e historia,
temores de largo rango.
El espejo no hace trampa,
devuelve la realidad,
nos enseña quiénes somos
con limpia sinceridad.
XIV
Hojas de papel y tinta,
mundos abiertos de par en par,
un libro es una ventana
listo para navegar.
Aventuras, universos,
pensamientos del ayer,
el lector viaja en el tiempo
sin moverse del saber.
Letras que forman ideas,
magia grabada en renglones,
guardan para siempre vivas
miles de emociones.
XV
Dunas de dorada arena,
horizonte de calor,
el desierto es un océano
donde no brota una flor.
El viento esculpe las formas,
mueve la tierra sedienta,
bajo un sol que sin piedad
su fuego vivo incrementa.
Sin embargo en el silencio,
cuando cae la noche fría,
el desierto entrega al cielo
su mística poesía.
XVI
Cumbre de piedra serena,
gigante de roca y nieve,
mira pasar las centurias
y el viento apenas la mueve.
Fuerza que llega hasta el cielo,
desafío de altura y paz,
muestra que el mundo es grandioso
y el tiempo fugaz.
Subir a sus altas laderas
exige constancia y fe,
arriba el horizonte entero
se rinde ante tu pie.
XVII
Incapaz de ser mirado,
pero sentida su voz,
el viento cruza los campos
con paso ágil y feroz.
Despeina copas de árboles,
empuja la nave en la mar,
lleva aromas y semillas
de un lugar a otro lugar.
Libre por naturaleza,
nadie lo puede atar,
sopla cantando su historia
sin nunca pararse a descansar.
XVIII
Compañera de la luz,
sombra que sigue a los pasos,
se alarga por la mañana
y se estira en los ocasos.
Fiel figura que no habla,
silueta de nuestro ser,
se oculta en la gran penumbra
cuando la luz va a caer.
Recuerda que donde hay brillo
siempre existe oscuridad,
dos caras de una moneda
en nuestra realidad.
XIX
Llega el invierno helado,
aliento de blanco vapor,
la tierra busca descanso
lejos del dulce calor.
La escarcha pinta los campos,
el aire se vuelve cristal,
momentos de fuego y casa
frente al frío ambiental.
Pausa necesaria y limpia
antes de la floración,
el invierno reconforta
a la entera creación.
XX
Estalla el color en las ramas,
brota la vida de nuevo,
la primavera despierta
con renovado denuedo.
Flores de tonos vivos,
mariposas en vuelo,
un aroma dulce y fresco
recorre todo el suelo.
Nace la luz del mañana,
se aleja el frío anterior,
el mundo vuelve a vestirse
de esperanza y color.
XXI
Nace en la alta montaña,
como un hilo transparente,
el río empieza su marcha
avanzando hacia adelante.
Supera piedras y rocas,
cruza la selva y el llano,
nutriendo las verdes tierras
con su generosa mano.
Sabe que su viaje acaba
en la inmensidad del mar,
enseña que la existencia
es no dejar de andar.
XXII
Luz firme en el acantilado,
guía en la noche marina,
el faro vigila el puerto
cuando la niebla domina.
Avisa sobre los arrecifes,
marca el camino a seguir,
para los barcos perdidos
que buscan poder erigir.
Solitario en la tormenta,
fiel a su noble misión,
brinda esperanza constante
a toda la embarcación.
XXIII
Risas en el parque viejo,
juegos que no tenían fin,
la infancia es un universo
donde florece el jardín.
Piedras convertidas en tesoros,
tardes llenas de ilusión,
cuando el mundo era gigante
y todo causaba emoción.
Guarda el adulto esa chispa,
ese recuerdo sagrado,
que vuelve cuando soñamos
con el tiempo pasado.
XXIV
Ausencia total de ruido,
espacio para pensar,
el silencio es una casa
donde el alma va a descansar.
Calma que cura las prisas,
vacío que enseña a escuchar,
respuestas que en la tormenta
no podíamos hallar.
No es soledad ni vacío,
es la voz del propio ser,
que habla muy despacio
cuando deja de correr.
XXV
Alas abiertas al viento,
vuelo ligero y sin freno,
las aves cruzan los cielos
buscando un clima sereno.
Libres sobre las ciudades,
sobre las cumbres y el mar,
muestran la gran alegría
de saberse elevar.
Cantan al nuevo día,
viajan sin rumbo ni ley,
el cielo azul transparente
es su único rey.
XXVI
Nubes de plomo se juntan,
retumba el rayo en la noche,
la tormenta desata su fuerza
sin freno y sin reproche.
El viento ruge con gana,
cae el agua con furor,
el cielo muestra en la sombra
su indomable poderío y valor.
Pero tras la gran batalla,
se limpia la atmósfera gris,
y la calma que regresa
hace al mundo más feliz.
XXVII
Despierta la gran ciudad,
luces que se van a apagar,
primeros pasos y voces
que empiezan a transitar.
Sombra de los edificios,
frescor de la madrugada,
la vida urbana comienza
su habitual jornada.
Entre el asfalto y el ruido
nace una nueva ocasión,
miles de vidas cruzadas
en un mismo corazón.
XXVIII
Imágenes en la noche,
historias sin gravedad,
los sueños abren la puerta
a otra lejana verdad.
Podemos volar muy alto,
tocar la luna y el sol,
romper cualquier frontera
bajo un mágico farol.
Son el refugio nocturno
donde la mente es libre,
un universo donde todo
puede sonar y vibrar.
XXIX
Taza de café humeante,
fuego que arde en el hogar,
el refugio de los tuyos
donde siempre hay que estar.
Risas, charlas y abrazos,
techo que quita el frío,
la calidez de la casa
calma cualquier desvarío.
Es el centro del camino,
el lugar para volver,
donde el amor más sencillo
nos ayuda a crecer.
XXX
Allá donde el cielo toca
la línea azul del mar,
el horizonte te invita
a siempre continuar.
Símbolo de lo lejano,
meta que está por venir,
nos recuerda que hay historias
listas para escribir.
Un paso nos lleva a otro,
la búsqueda nunca es en vano,
el horizonte es la promesa
de un nuevo y claro mañana.
XXXI
Aguja de acero en la brújula gira,
buscando constante su norte veloz,
mientras el viajero en silencio suspira
escuchando atento de los vientos la voz.
Caminos que cruzan la tierra distante,
desiertos y mares, colinas sin fin,
el rumbo se marca sereno y constante
bajo la penumbra del gran entramado y jardín.
No importa la noche ni el denso nublado,
el fiel instrumento responde con fe,
mostrando el destino que fue trazado
a cada viajero que avanza de pie.
XXXII
Un grito retumba en el amplio barranco,
de vuelve la roca su límpido sonido,
repite el silencio de tono tan blanco
el verso lejano que no se ha perdido.
Es voz del pasado que vuelve de nuevo,
fantasma del aire que busca cantar,
reflejo sonoro que trae renuevo
a quien en el monte se pone a escuchar.
El eco responde, descansa y se apaga,
dejando la tarde en completa quietud,
mientras por el valle la sombra ya vaga
cubriendo la cumbre de luz y virtud.
XXXIII
Se mece la espiga con ritmo dorado,
el campo rebosa de suave calor,
el fruto de la tierra ya madurado
espera la siega con vivo esplendor.
Las manos del hombre cosechan el grano,
trabajo constante de sol a sudor,
la mesa se llena en el fértil verano
con pan verdadero de dulce sabor.
Tierra generosa que al cielo da gracias,
ciclo bendito que vuelve a empezar,
aleja del pueblo las tristes desgracias
y llena la casa de paz y del hogar.
XXXIV
La sombra del roble se extiende en el suelo,
refugio del sol en la hora estival,
sus ramas extendidas dibujan el cielo
como un amplio palacio de verde cristal.
Años y siglos han visto su copa,
vientos de invierno no pueden rendir
al gigante fuerte que el tiempo descuella,
listo para mil años más resistir.
Bajo sus hojas la vida descansa,
pájaro y sombra encuentran su hogar,
el tiempo a su lado parece una balanza
que invita a la mente serena a pensar.
XXXV
Un hilo de algodón sostiene la cometa,
que danza entre nubes de blanco y azul,
sube ligera buscando la meta
en un vasto cielo envuelto en tul.
El viento la empuja con fuerza y soltura,
juguete de aire en la tarde de abril,
pinta en el espacio su hermosa figura
sobre la ciudad de mirada gentil.
Un tirón suave la trae de vuelta,
cae despacio al llegar la oración,
guarda en sus alas la magia resuelta
de un vuelo de pura y dulce ilusión.
XXXVI
Cae el copo blanco en silencio absoluto,
cubre de raso la calle y el monte,
el paisaje viste su limpio luto
redefiniendo el lejano horizonte.
Sin hacer ruido se posa en la rama,
apaga el murmullo de la ciudad,
una paz profunda al alma reanima
con su manto helado de serenidad.
Frío que guarda calor en la cueva,
mundo que duerme esperando la flor,
la nieve despierta la vida que se renueva
tras el breve sueño del tiempo helado y menor.
XXXVII
Cae el fino grano dentro del cristal,
mide los minutos el reloj de arena,
un ritmo constante, sereno y formal
que la frágil ampolla despacio llena.
Se agota el tiempo arriba sin pausa,
cae el presente haciéndose ayer,
misterio profundo de la eterna causa
que muestra la vida en su transcurrir y ser.
Solo basta un giro para recomenzar,
dar la vuelta al vidrio y ver otra vez
el flujo continuo volviendo a pasar
con la misma sabia y limpia sencillez.
XXXVIII
Manta de azabache con bordados de luz,
la noche estrellada despliega su velo,
el cosmos traza su inmensa cruz
sobre la mirada levantada al cielo.
Pléyades, luces y un halo distante,
mundos que brillan en la oscuridad,
muestran al hombre lo frágil e instante
que resulta su paso en la infinidad.
Contemplar el firmamento en calma y reposo
cura las heridas de la prisa urbana,
nos vuelve parte del plano grandioso
que aguarda el albor de la mañana.
XXXIX
Regresa volando la fiel golondrina,
busca el viejo alero donde construyó,
su alado contorno el aire domina
mientras el invierno lejos se quedó.
Cruza los mares sin mapa ni guía,
fiel al instinto de su corazón,
trae en sus alas la luz del nuevo día
y la dulce nota de su canción.
Anuncio de tiempos de sol y frescura,
cruza los campos con gracia y candor,
pinta el cielo azul de limpia figura
y llena la tarde de verde verdor.
XL
Agua profunda en el fondo del pozo,
espejo de piedra de la claridad,
guarda el secreto de un agua de gozo
limpia, serena y llena de bondad.
Baja el cubo de madera en la sombra,
rompe el reflejo del alto cielo,
sube la frescura que al labio asombra
al apagar la sed en el seco suelo.
Cántaro lleno de vida y memoria,
punto de encuentro del viejo lugar,
donde se cruzan la sed y la historia
al filo de la tarde junto al hogar.
XLI
Manto de gasa sobre la colina,
borra las formas la niebla al pasar,
un velo de plata que el valle domina
e invita a las cosas a descansar.
Los árboles parecen fantasmas borrosos,
el camino pierde su claro trazado,
pasos lentos, tranquilos, cautelosos
en un mundo suave y ensimismado.
Hasta que el sol con su rayo ardiente
rompe la tela de humo y vapor,
devolviendo al paisaje de nuevo presente
su forma precisa y su vivo color.
XLII
Pequeña chispa de la piedra brota,
enciende la paja en la noche fría,
de una luz breve una llama brota
que vence a las sombras en su travesía.
Fuerza oculta en la materia inerte,
fuego que nace con leve calor,
transforma la noche y cambia la suerte
dando a la estancia vida y vigor.
Así nace la idea en la mente humana,
un simple destello en la oscuridad,
que crece en la sombra y mañana
ilumina al mundo con su verdad.
XLIII
Arco de piedra sobre el cauce fiero,
une dos orillas que separa el río,
sostiene los pasos del firme viajero
desafiando la corriente y el frío.
Años de aguas pasaron abajo,
mas la estructura se mantiene en pie,
obra pulida de largo trabajo,
símbolo claro de unión y de fe.
Tender los puentes entre dos extremos
es la tarea de la humanidad,
para cruzar el agua que tememos
y alcanzar la orilla de la amistad.
XLIV
Pequeño grano bajo la tierra dura,
duerme esperando la lluvia de abril,
guarda en su seno la verde figura
de un árbol futuro frondoso y gentil.
Siente el abrazo del agua del cielo,
rompe la cáscara en la oscuridad,
alza su brote buscando el suelo
con fuerza humilde pero con voluntad.
Lo que era nada se vuelve la rama,
fruto, sombra y madera al final,
enseña al hombre que la vida llama
desde el origen humilde y vital.
XLV
Mástiles altos descansan en puerto,
velas recogidas tras la marejada,
el mar en calma parece un desierto
bajo la brisa de la madrugada.
Los marineros recogen sus redes,
cuentan historias de monstruos y olas,
entre los muros de viejas paredes
donde las penas se quedan a solas.
El barco espera la nueva marea
para partir hacia el ancho confín,
cumpliendo siempre la eterna tarea
de navegar sin encontrar su fin.
XLVI
Manos curtidas que moldean el barro,
gira el torno en movimiento sereno,
nace la vasija, la jarra y el jarro
de la húmeda arcilla del campo lleno.
El artesano concentra su mente,
da forma al vacío con hábil tacto,
crea belleza de forma paciente
en un humilde y perfecto acto.
Obra sencilla que el fuego endurece,
úsela el tiempo en la mesa diaria,
arte supremo que nunca envejece
nacido de una labor solitaria.
XLVII
Línea rosada en el borde oriental,
la aurora despierta con suave dulzura,
vence a la sombra del manto nocturno
y viste al mundo de nueva hermosura.
Cantan las aves al primer destello,
el rocío brilla sobre el prado verde,
todo resalta hermoso y bello
mientras la noche despacio se pierde.
Cada mañana trae consigo la tregua,
un cheque en blanco para volver a empezar,
no importa la marcha de la larga legua,
siempre la luz nos vuelve a salvar.
XLVIII
Huella trazada por miles de pasos,
el camino cruza la ladera gris,
ha visto mañanas, tardes y ocasos
de la gente sencilla del país.
Sube entre rocas, baja hacia el prado,
mantiene la ruta hacia el buen lugar,
guía al viajero que camina cansado
buscando el descanso de su hogar.
El sendero enseña que el destino es la marcha,
cada pisada construyendo la vía,
no importa la lluvia ni la dura escarcha
si hay una meta que nos guía.
XLIX
Bronce pesado en la torre del templo,
suena el tañido por todo el lugar,
su canto grave es el claro ejemplo
que llama a los hombres a meditar.
Anuncia la dicha, despide al doliente,
marca las horas en la pequeña ciudad,
su voz de metal se escucha potente
traído por el viento en la soledad.
Campana que vibra en lo alto del cielo,
reloj sonoro del viejo rincón,
eleva la mente en un rápido vuelo
despertando la fe del corazón.
L
Estructura de mimbre y papel de seda,
sube en la noche como un gran candil,
la luz del fuego en su seno se queda
flotando ligera en el aire sutil.
Farol nocturno que asciende ligero,
se vuelve una estrella en la inmensidad,
lleva los deseos de un fiel compañero
hacia las alturas de la eternidad.
Se pierde en el negro manto del cielo,
pequeño punto de fuego y calor,
dejando en la tierra un dulce consuelo
y una mirada llena de candor.
LI
Luz amarilla en la esquina de piedra,
farol que alumbra la calle desierta,
bajo el abrazo verde de la hiedra
mantiene su chispa siempre despierta.
Guía los pasos del noctámbulo solo,
proyecta sombras de largo contorno,
brilla constante desde su polo
en el frío velo del nocturno entorno.
Fiel centinela de la medianoche,
espera en silencio que vuelva el sol,
sin un murmullo y sin un reproche
cumple su misión este humilde farol.
LII
Cubierto de polvo en el viejo estante,
duerme el volumen de cuero desgastado,
guarda en sus páginas la voz constante
de un tiempo antiguo y ya olvidado.
Nadie sus hojas de papel despliega,
mas el saber en su interior espera,
como la semilla que al campo se entrega
aguardando el calor de la primavera.
Ábrelo despacio, lee sus renglones,
despierta la historia que dentro dormía,
resucita ideas, sueños y emociones
que darán al presente nueva energía.
LIII
Retumba la voz del trueno lejano,
tiembla la tierra bajo el firmamento,
un golpe seco, gigante y soberano
que hace callar el soplo del viento.
Fuerza de la naturaleza indomable,
eco del rayo que cruza la sombra,
un recordatorio puro y palpable
del poder divino que al hombre asombra.
Tras el estruendo la lluvia se vierte,
limpia la atmósfera, calma la sed,
el trueno lejano transforma la suerte
y el agua fecunda la amplia red.
LIV
Espinas verdes protegen la flor,
rojo vivo entre el follaje espeso,
el rosal entrega su fresco olor
al suave viento que le da un beso.
Belleza que nace con delicadeza,
mas exige cuidado para tocar,
combina la gracia de su realeza
con las espinas para se defender.
Símbolo eterno del amor sincero,
florece en mayo bajo el dulce sol,
reina del prado y del gran sendero
que adorna la tierra con su arrebol.
LV
Bastón en mano y la capa al viento,
el caminante avanza sin parar,
lleva en su alforja el pensamiento
de quien no tiene donde habitar.
Cada comarca le ofrece su historia,
cada camino un nuevo paisaje,
no guarda riquezas en su memoria
salvo la dicha de su propio viaje.
Sabe que el mundo es un amplio mapa
donde los pasos dejan su trazo,
mientras el tiempo veloz se escapa
él busca el horizonte en su abrazo.
LVI
Rojo destello en la ceniza gris,
la brasa guarda el calor sagrado,
recordatorio dulce y feliz
del fuego ardiente ya terminado.
Un soplo suave la vuelve a encender,
brota la llama de nuevo en la estancia,
venciendo al frío que intenta caer
con su presencia de clara sustancia.
Así en la vida el amor verdadero
mantiene su chispa bajo el pesar,
espera la brisa en el buen sendero
para de nuevo volver a brillar.
LVII
Sube el mar cubriendo la playa,
la marea avanza con fuerza y poder,
borra las huellas de la alta muralla
que la arena seca vio florecer.
Lava la costa, se lleva la sal,
ritmo marcado por la alta luna,
un movimiento eterno y vital
que no se detiene por causa alguna.
Luego se retira hacia el horizonte,
deja al descubierto la limpia arena,
mientras la sombra cubre el monte
y la noche clara se vuelve serena.
LVIII
Aspas de madera giran al viento,
el viejo molino muele el trigo blanco,
un ruido constante, pesado y lento
que alegra las horas del verde banco.
Aprovecha la brisa de la colina,
transforma la fuerza del aire libre,
en fina harina que el hogar cocina
mientras la piedra en el centro vibre.
Fiel compañero del ancho paisaje,
desafía los años con su estructura,
rindiendo tributo en su largo viaje
a la madre tierra y su compostura.
LIX
Claridad suave de la madrugada,
el alba despunta sobre la sierra,
la luz naciente, limpia y dorada
despierta del sueño a toda la tierra.
Pájaros cantan en la arboleda,
las flores abren su cáliz fresco,
la noche oscura atrás se queda
frente al milagro claro y pintoresco.
Renace la fuerza, renace el empeño,
el mundo recibe una nueva oportunidad,
atrás quedaron las sombras del sueño
para dar paso a la realidad.
LX
Espesa manta cubre las aguas,
el puerto duerme bajo el vapor,
se apagan los colores de las piraguas
y pierde el faro su gran resplandor.
Sirenas lejanas cantan su aviso,
barcos avanza a ritmo muy lento,
la niebla transforma el muelle en un piso
suspendido apenas en el frío viento.
Un mundo misterioso que tupa el ambiente,
donde los ruidos se vuelven lejanos,
hasta que el sol aparezca presente
y una de nuevo los puertos humanos.
LXI
Gota de tinta en la punta fina,
la pluma traza sobre el papel
la hermosa palabra que la mente encamina
con la delicadeza del mejor pincel.
Escribe historias, versos y cartas,
da forma al pensamiento fugaz,
alivia las penas graves y hartas
trayendo al alma consuelo y paz.
Instrumento humilde pero poderoso,
más fuerte que la espada en su verdad,
perpetúa el saber brillante y hermoso
a través de los siglos en la eternidad.
LXII
Sombras verdes entre troncos viejos,
el bosque espeso guarda el silencio,
rayos de sol se filtran a lo lejos
donde la selva su paz potenció.
Musgo suave cubre la ladera,
susurro de hojas al caminar,
se siente la vida pura y verdadera
que en el espesor suele habitar.
Santuario natural de paz profunda,
lejos del ruido de la ciudad,
donde la mente serena se inunda
de calma, fuerza y tranquilidad.
LXIII
Un aire leve que del pecho sale,
alivio dulce de la pesadumbre,
un suspiro quieto que tanto vale
cuando el dolor llega a la cumbre.
Lleva consigo la duda y el miedo,
libera al alma de su alta carga,
dice en silencio: "superarlo puedo,
aunque la noche sea fría y larga".
Breve respiro de la vida humana,
puente de aire hacia la serenidad,
que aclara la mente para el mañana
poniendo orden en la tempestad.
LXIV
Velas desplegadas al soplo del viento,
la elegante fragata corta la mar,
avanza ligera con rápido aliento
sin que nada la pueda parar.
Proa de madera que rompe la ola,
espuma blanca en su estela azul,
navega por mares lejanos sola
bajo la noche vestida de tul.
Símbolo eterno de la aventura,
busca distancias con libertad,
desafiando la fuerza dura
del océano en su inmensidad.
LXV
El sol se hunde en la línea del mar,
pinta el cielo de violeta y canela,
el atardecer invita a pensar
mientras la noche despliega su vela.
Últimos rayos de luz de oro,
las sombras crecen en la ciudad,
la tarde despide su gran tesoro
dando la bienvenida a la soledad.
Momento mágico de paz y tregua,
donde el día entrega su fin,
el cansado viajero tras larga legua
halla descanso en su pequeño jardín.
LXVI
Se hunden a ciegas en la tierra oscura,
las fuertes raíces sostienen el ser,
beben el agua de la profundidad pura
para que el árbol pueda florecer.
Nadie las ve trabajando abajo,
mas son la base del verde esplendor,
soporte firme de largo trabajo
que aguanta el viento y el fiero calor.
Así los principios de nuestra vida
nos mantienen firmes frente al vendaval,
una raíz fuerte y bien nutrida
hace la existencia noble y vital.
LXVII
Breve fulgor que la sombra rasga,
un destello cruza la oscuridad,
luz fugaz que en la noche se plasga
mostrando el camino hacia la verdad.
Dura un segundo su fuego encendido,
mas deja en la retina su trazo claro,
un rayo de esperanza que no se ha perdido
funcionando como perfecto faro.
Hay destellos que cambian la historia,
ideas simples que traen la luz,
grabando para siempre en la memoria
la dulce victoria sobre la cruz.
LXVIII
Aire pesado en la tarde estival,
nubes oscuras cubren el sol,
estalla la lluvia estruendosa y vital
frenando el fuego del ardoroso arrebol.
Gotas gigantes golpean el prado,
relámpagos cruzan el ancho cielo,
el calor sofocante queda apagado
bajo la frescura del líquido velo.
Dura poco la furia de la tormenta,
pronto regresa la luz y el frescor,
y el arcoíris su puente presenta
lleno de vida, paz y color.
LXIX
Guardado en el fondo del corazón,
un secreto vive en la sombra quieta,
palabra oculta que no busca razón
ni la mirada de ningún poeta.
Tesoro íntimo de nuestro ser,
saber que solo uno puede llevar,
que no se entrega al cotidiano ver
para su magia poder conservar.
Hay secretos que son refugio y guía,
luces internas de gran valor,
que alimentan el alma noche y día
con su silencio de puro amor.
LXX
La naturaleza duerme su sueño,
el invierno frío cubre el lugar,
el árbol desnudo parece pequeño
sin las verdes hojas para adornar.
Mas bajo la nieve la vida espera,
no hay muerte alguna en la blanca paz,
solo un descanso antes de la primavera
que volverá con su rostro audaz.
Saber esperar el tiempo propicio
es la lección del helado suelo,
todo reposo tiene su oficio
para elevarse en un nuevo vuelo.
LXXI
Bruma espesa sobre el acantilado,
el faro gira su potente luz,
un rayo de oro bien enfocado
que evita a las naves la trágica cruz.
Atraviesa la niebla la luz certera,
marca los roquedales del alto mar,
guía al marinero que en la vera
busca tranquilo poder atracar.
Fiel centinela de la costa fría,
nunca se apaga su blanco fulgor,
brindando la noche entera su guía
con invencible y firme valor.
LXXII
Dorada espiga que erguida se alza,
alimento puro que da la tierra,
su cuerpo fino la brisa descalza
mientras el verano los campos cierra.
Promesa cumplida del arduo arado,
sostén humilde de la existencia,
fruto sagrado que ha madurado
con el sol, el agua y la paciencia.
Simboliza la vida en su sencillez,
el trabajo honrado y la bendición,
que alimenta al joven y a la vejez
llenando de fe la humana nación.
LXXIII
Espejo de agua entre las montañas,
el lago duerme en completa calma,
refleja los pinos y las cabañas
trayendo serenidad al alma.
Ni una sola ola turba el cristal,
los peces nadan en la profundidad,
un escenario puro y celestial
de inmensa y limpia tranquilidad.
Contemplar sus aguas enseñarte puede
a mantener el espíritu en paz,
dejar que el ruido del mundo ruede
y mostrar un rostro claro y veraz.
LXXIV
Luna llena en el cielo despejado,
la noche clara parece día,
un manto de plata ha coloreado
el ancho campo y la lejanía.
Las sombras son cortas y bien definidas,
canta el grillo su suave son,
las preocupaciones quedan dormidas
bajo la mágica iluminación.
Caminar de noche bajo este brillo
es recorrer un mundo de encanto,
donde lo complejo se vuelve sencillo
escuchando de la naturaleza el canto.
LXXV
Sutil aroma de la rosa fresca,
flota en el aire al atardecer,
evoca memorias de forma pintoresca
que el tiempo creía hacer perder.
Un perfume despierta la vieja infancia,
un lugar lejano, un amor del ayer,
viaja la mente en la fragancia
sin que nada la pueda detener.
Incierto misterio del dulce olor,
llave invisible de la memoria,
que nos devuelve con vivo candor
lo mejor de nuestra propia historia.
LXXVI
Firme y constante en la orilla del mar,
la roca resiste el golpe de la ola,
nada la puede mover ni tumbar,
permanece fuerte, serena y sola.
Años de espuma la han pulido,
mas su estructura no cede jamás,
símbolo de lo que no es vencido
frente a los golpes que quedan atrás.
Ser como la roca ante la adversidad,
mantener el centro sin tambalear,
guardar la entereza y la firmeza
cuando las olas vengan a azotar.
LXXVII
Un silbido dulce cruza el sendero,
canción alegre del caminante,
aleja las penas del buen viajero
con su nota ligera y constante.
Acompaña los pasos en la soledad,
puebla el silencio del verde prado,
trae al espíritu serenidad
mientras se avanza por el descampado.
Música humilde que nace del ser,
sin mas instrumento que el propio aliento,
que ayuda a la vida a florecer
desafiando la fuerza del viento.
LXXVIII
Paredes de piedra, techo de paja,
el pequeño refugio en la montaña
protege al viajero cuando la nieve baja
y el frío intenso la tierra empaña.
Un fuego de leña arde en el hogar,
un plato caliente en la mesa rústica,
un espacio humilde para descansar
escuchando del viento la voz acústica.
No hace falta riqueza para estar bien,
solo un techo amigo y un buen calor,
que den al cansado un dulce sostén
lejos del frío y del gran rigor.
LXXIX
Luz brillante que en la distancia guía,
la ilusión sostiene nuestro caminar,
nos da la fuerza para el nuevo día
y la fe constante para continuar.
Crea castillos en la blanca nube,
sueña con metas por alcanzar,
eleva el espíritu que al cielo sube
sin miedo alguno a tropezar.
Aunque a veces el sueño no se cumpla igual,
el solo hecho de ilusionarse
da a la existencia su tono vital
y nos enseña a jamás rendirse.
LXXX
En el fondo del ojo brilla la luz,
mirada sincera que no sabe mentir,
refleja el alma sin velo ni cruz
mostrando el sentir del propio existir.
Habla en silencio, transmite la paz,
dice te quiero sin una palabra,
un puente humano, limpio y veraz
que la puerta del espíritu abra.
Mirar a los ojos es descubrir
la verdad desnuda de la otra persona,
donde el amor vuelve a florecer
y el entendimiento todo lo perdona.
LXXXI
Ramas caídas rozando la corriente,
el sauce llorón junto al cauce está,
mueve sus hojas de forma doliente
mientras el agua fluida se va.
Elegancia triste junto al arroyo,
da sombra verde a la orilla del río,
ofrece a los pájaros su dulce apoyo
protegiéndolos del calor y del frío.
Aprende del sauce a saber ceder,
doblárse con la brisa sin nunca romper,
adaptar la forma a lo que ha de ser
para siempre erguido volver a nacer.
LXXXII
Pisada marcada en la húmeda arena,
testimonio breve del paso humano,
la ola del mar la borra serena
dejando el borde limpio y plano.
Así son las cosas que hacemos aquí,
marcas efímeras en el tiempo van,
mas lo importante que en el alma vi
es el camino que otros seguirán.
No importa que el agua borre el trazo,
queda la marcha, queda el valor,
de haber caminado en este regazo
dejando una estela de vida y amor.
LXXXIII
Allá donde el sol empieza a descender,
la línea lejana nos vuelve a llamar,
el horizonte invita a comprender
que siempre hay tierras por explorar.
Promesa eterna de lo que vendrá,
frontera abierta al descubrimiento,
quien mira a lo lejos bien sabrá
que no hay barreras para el pensamiento.
Caminar hacia él es la eterna misión,
aunque a cada paso se aleje más,
mantiene despierta nuestra ilusión
y nos impide mirar hacia atrás.
LXXXIV
El agua salta desde la alta cumbre,
cae hecha espuma con gran estruendo,
refleja del sol la clara lumbre
mientras al abismo va descendiendo.
Fuerza implacable, fresca y vital,
pinta de blanco la dura roca,
crea una brisa de tono cristal
que las verdes plantas de la orilla toca.
Energía pura en movimiento constante,
canto de la sierra que no tiene fin,
que llena el valle de forma radiante
refrescando la vida de este jardín.
LXXXV
El día más largo o la noche más fría,
el solsticio marca el cambio de rumbo,
la rueda del tiempo sigue su guía
dando su giro por todo el mundo.
O la luz empieza a crecer de nuevo,
o las sombras ganan su brevedad,
un ciclo eterno de antiguo renuevo
que muestra al cosmos su majestad.
Aceptemos los cambios que trae el año,
cada estación tiene su bendición,
ningún momento resulta extraño
si se recibe en el corazón.
LXXXVI
Notas que brotan del viejo piano,
llenan la sala de dulce armonía,
guiadas con arte por la suave mano
que transforma el aire en poesía.
Fluye la música como un manantial,
llega al fondo de cada emoción,
un arte puro, noble y celestial
que despierta en el alma la pasión.
Vuela el sonido borrando el dolor,
crea un espacio de entera belleza,
donde la vida cobra nuevo valor
y desaparece la triste tristeza.
LXXXVII
Sombra que gira sobre la piedra,
el reloj de sol marca la hora,
entre los tallos de la verde hiedra
mide el tiempo que el día atesora.
Solo funciona cuando hay claridad,
ignora la noche y la tempestad,
enseña al hombre con simplicidad
a contar los momentos de felicidad.
Aprende del mármol su sabio lema:
contar solo las horas de sol y luz,
dejar que la sombra borre el problema
y caminar ligeros sin ninguna cruz.
LXXXVIII
Tras la tormenta regresa la paz,
el viento se calma, el agua se frena,
el cielo muestra su rostro veraz
y la naturaleza descansa serena.
Ni una sola hoja se mueve en la rama,
el aire transpira frescura y olor,
un silencio dulce la tierra reanima
devolviendo al mundo su paz y candor.
Calma que cura, tregua del alma,
espacio bendito para meditar,
donde el espíritu encuentra su palma
y aprende de nuevo a recomenzar.
LXXXIX
Subir a lo alto y mirar hacia abajo,
ver el paisaje en su inmensidad,
olvidar las penas del duro trabajo
contemplando el mundo con libertad.
Las casitas parecen piezas de juego,
los ríos son hilos de plata y cristal,
se apaga en el pecho cualquier desasosiego
ante el panorama ancho y grandioso.
Ganar perspectiva es el gran regalo
de elevar la mente sobre el afán,
comprender que lo bueno y lo malo
vistos de arriba paséis se irán.
XC
Rodeado de cumbres el valle reposa,
verde alfombra de pasto y de flor,
cruza un arroyo de agua luminosa
dando a la escena su dulce encanto.
Las vacas pastan en completa paz,
humo de hogar sube de la chimenea,
un rincón sereno, humilde y veraz
donde la vida tranquila se asea.
Refugio de calma entre la montaña,
donde el tiempo parece parar,
lejos del ruido que afuera daña,
un verdadero y bendito hogar.
XCI
Corte profundo en la dura roca,
el abismo se hunde en la oscuridad,
un vértigo frío que al hombre toca
mostrando de la tierra la profundidad.
Miedo y fascinación al mismo tiempo,
mirar el fondo exige valor,
recordatorio de que en el espacio
hay misterios de inmenso rigor.
Mas frente al abismo el ser se afirma,
encuentra la fuerza para no caer,
y en la propia mente seguro confirma
su capacidad de mantenerse en pie.
XCII
Gris recuerdo de lo que fue fuego,
la ceniza descansa en el hogar,
se apagó la llama y su antiguo juego,
mas la calidez se siente en el lugar.
Tierra fértil para el nuevo cultivo,
materia limpia que rinde su fin,
enseña que nada queda inactivo
en el cambio constante del jardín.
De la ceniza renace la vida,
como el ave mítica vuelve a volar,
toda etapa que queda concluida
es la semilla de un nuevo empezar.
XCIII
Rayos finales que bañan la cumbre,
el sol se despide en tono de oro,
enciende el cielo con su alta lumbre
entregando al mundo su gran tesoro.
Las nubes se tiñen de fuego y carmín,
la montaña brilla como un altar,
un espectáculo hermoso y sin fin
antes de que la noche vuelva a reine.
Momento glorioso que la tarde regala,
adiós luminoso al día que se va,
que al espíritu cansado le pone ala
prometiendo que mañana volverá.
XCIV
Fina lluvia que cae sin ruido,
mansas gotas sobre el tejado,
un susurro constante y fluido
que refresca el campo y el prado.
No hay fuerza ni estruendo en su caer,
es un manto suave de humedad,
que hace a las plantas despacio beber
con delicada y dulce bondad.
Llovizna tranquila que invita a soñar,
a quedarse en casa junto al calor,
viendo por la ventana las gotas pasar
en un día gris lleno de candor.
XCV
Sostiene su luz en la calle oscura,
el viejo farol de hierro y cristal,
brinda al caminante su sombra pura
guiando los pasos en la noche habitual.
Ha visto pasar mil generaciones,
amantes, viajeros y gente del lugar,
testigo mudo de mil emociones
que bajo su brillo se fueron a cruzar.
Fiel servidor de la ciudad vieja,
mantiene su puesto sin vacilar,
mientras la noche despacio se aleja
y el nuevo día vuelve a despuntar.
XCVI
Olas gigantes golpean el muelle,
la marejada muestra su furor,
el mar embravecido su fuerza desselle
llenando el aire de sal y clamor.
Viento marino que sopla con gana,
espuma blanca que vuela en el bar,
la naturaleza indomable y soberana
hace su fuerza gigante notar.
Espectáculo hermoso y terrible a la vez,
recordatorio de nuestro empeño,
frente al océano y su inmensidad
el hombre comprende que es muy pequeño.
XCVII
Ni luz completa ni sombra total,
la penumbra envuelve la habitación,
un espacio suave, dulce y neutral
propropicio para la meditación.
Las formas se borran con suavidad,
el ambiente invita al buen descansar,
se calma la prisa y la ansiedad
al ver el día despacio expirar.
Momento de tregua entre el sol y la noche,
donde los pensamientos se vuelven paz,
lejos del ruido y de cualquier reproche
en un refugio sereno y veraz.
XCVIII
Agua tranquila en la bahía,
barcos alineados en perfecta paz,
tras la larga jornada del día
el puerto ofrece su abrazo veraz.
Luces que se reflejan en el cristal,
murmullo suave del agua al mecer,
un ambiente sereno y nocturnal
donde las penas se van a perder.
Llegar al puerto es hallar la calma,
tras enfrentar la fuerza del mar,
un descanso dulce para el alma
que en la orilla vuelve a habitar.
XCIX
Trazo brillante en la noche oscura,
una estrella fugaz cruza el cielo,
un segundo de magia y hermosura
que despierta en la tierra el anhelo.
Pide un deseo antes de que se apague,
confía tu sueño a su rápido luz,
deja que su estela en la sombra vague
como un brillante y mágico trasluz.
Viajera del cosmos en rápido vuelo,
recuerda que el mundo está lleno de fe,
que aún quedan sorpresas mirando al cielo
para quien sabe avanzar de pie.
C
Cien poemas trazados en el camino,
versos de tres estrofas para cantar,
cada uno guardando su propio destino
como las olas que llegan al mar.
Naturaleza, tiempo, vida y memoria,
imágenes sencillas del caminar,
se unen aquí para formar la historia
de lo que la mente puede soñar.
Llegar al final es cerrar el ciclo,
mas la poesía no tiene fin,
queda guardada en este pequeño libro
como una flor eterna en el jardín.
Thoughts
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PermalinkLas historias de pueblo me llegaron. La del mar, la de la memoria. Bueno hecho.
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PermalinkQué linda la seguidilla de la memoria. Rescatar eso del olvido suena a lo que una hace todos los días, guardarse versos para acordar.
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PermalinkEl del fuego y la memoria. ¿Eso pasó? Suena como una de esas historias de cuando eras chico que después no sabés si fue verdad o se te quedó.
-
PermalinkTantos mundos diferentes en uno solo... desde el silencio del amanecer hasta la ciudad acelerada. No sé cuál quiero que sea mío.
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PermalinkAlgunos de estos ya los tenía guardados de antes, ¿o todos salieron juntos? Hay versos acá que me gustaría llevármelos para mi vieja.
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Permalinkmae, cien 😭 la dedicación 🔥 cómo llegaste hasta acá
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PermalinkMe sacas de la oficina diez poemas cada día. El de las ciudades y los relojes se siente como mi turno exacto.
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Permalink¿De cuál de los cien empezaste? El primero me hace sentir el silencio de tu balcón de noche.
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PermalinkLes gusto, me costo mucho hacerlos 100 poemas
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