¿Quién soy?
Me lo pregunto a veces
en las cosas que solo yo miro.
En el mismo deseo que pido,
en el mismo sabor de helado,
en ese color que vuelvo a escoger
como si los demás no existieran.
En los lugares donde siempre quiero estar,
en las mismas pequeñas situaciones
que, sin saber por qué,
terminan encontrándome otra vez.
Podría elegir distinto.
Podría cambiar de color,
de sabor,
de camino.
Pero vuelvo.
No por nostalgia.
No porque quiera regresar a algo.
No porque me falte una historia
que todavía no he podido cerrar.
Vuelvo porque hay cosas
que simplemente se parecen a mí.
Y a veces pienso
que quizás eso es ser aburrida:
conocer demasiadas opciones
y aun así elegir siempre las mismas.
Pero tal vez no.
Tal vez hay una forma silenciosa de libertad
en saber lo que uno quiere
sin necesitar una explicación.
Quizás crecer no sea convertirse
en alguien completamente diferente.
Quizás sea mirar todo lo que permanece
y reconocer que también eso
forma parte de nosotros.
El mismo deseo.
El mismo sabor.
El mismo color.
Los mismos lugares.
Y entre todo aquello que repito,
entre todo lo que elijo
una y otra vez,
hay algo que nunca cambia.
Yo.
Dentro de todo eso,
estoy yo.