Miro la calle y ya no es igual,
pasa tan rápido, sin mirar atrás.
Los mismos caminos,
las mismas luces,
pero ya no siento lo mismo.
Camino despacio
mientras la ciudad corre,
y nadie parece darse cuenta
de que hoy me pesa hasta respirar.
Antes estas calles tenían otro color,
había risas, miradas, momentos
que pensé que nunca se iban a acabar.
Ahora solo queda el ruido de los carros
y mis pasos acompañando el silencio.
Qué extraño sentirse solo
en un lugar que alguna vez
se sintió como hogar.
Miro hacia atrás.
Nada.
Solo mi sombra siguiéndome
como si ella también tuviera miedo
de quedarse sola.
Y sigo caminando,
sin saber a dónde voy,
dejando recuerdos en cada esquina.
Quizá la calle nunca cambió…
quizá fui yo
quien aprendió a caminar
sin esperar que alguien volviera.
— Ian Alay