De un tiempo para acá estoy sumergido entre la agonía; nada me sale como yo quiero. Todos los días, de día y noche, recostado en cama, leyendo poesía: McCullers, Bukowski, Pizarnik… más de lo mismo. No me he duchado en días; solo como en las mañanas. En las tardes me recuesto y toco mi guitarra, escribo alguna canción y la tiro a la basura al anochecer, después de ensayarla durante toda la tarde. En la noche sigo recostado y a veces recuerdo mi infancia; continúo escribiendo mi libro y, apenas mi inspiración termina, me parece una estupidez lo que hago.
La negatividad diaria, la desidia, la escasez de compromiso. Se me complica levantarme al escritorio, así que escribo desde la cama. En realidad tengo meses que no escribo ahí; todo lo hago desde aquí. Aquí se siente cómodo: no tengo que encorvar mi espalda durante horas para después levantarme y quejarme sobre eso.
Tengo tal vez catorce días lejos de lo que alguna vez me rescató, y no puedo negar la falta que me hace Dios. Y mis hermanos han preguntado por mí.
—¿Cómo estás, Jorge? —preguntan.
También las personas que dicen ser mis amigos:
—¿Qué pasa, Jorge? Has estado desaparecido —dice una.
—¿Hermanito, todo bien? No te hemos visto —dice otro.
Pero yo no sé si sean mis amigos. A decir verdad, creo que nunca tuve un buen amigo. Creo que es solo el compromiso de amar al prójimo, y claro el prójimo soy yo. A decir verdad, estoy solo desde hace tiempo; es decir, tengo cuatro años sin besar a una buena chica, sin compartir con ella, sin poder amar. ¿Es poco tiempo en realidad? Para mí ha sido un infierno. Sé cuál es la razón: luzco triste, apagado, con ojeras eternas y con dolores del pasado; eso no es atractivo para las mujeres. Cuando menciono mis dolores, normalmente no son del ahora. Y algo siento al no seguir mi propia filosofía y no vivir en el aquí, sino en el allá. Siento asco, y comprendo que soy un hipócrita.
En estas dos semanas me he satisfecho de mil maneras, me he recompensado dándome chispazos de dopamina. Solo me falta la droga, la maldita bebida, y el buen sabor del cigarro, una buena recaída. A pesar de todo, cuando sube mi placer y baja, solo deja ver lo miserable que soy; dejando ir el ahora, pero no por la culpa del ayer ni por la ansiedad del mañana, sino solo dejando ir el ahora.
Se me complica el escribir, el expresarme. A veces solo reúno mis emociones y sentimientos y escribo una palabra que los abarque; enseguida otra que abarque lo otro que también siento, y así sucesivamente. El expresarme me es inútil. No busco describir lo que siento al escribir, sino que conozco bien lo que siento; pero nunca he podido resolver este vacío. Por un tiempo Dios llenó aquello, y de repente un día desperté nuevamente vacío. Es como si hubiera una especie de agujero en mi alma que nadie puede llenar, que nadie puede tapar. No hay quien pueda salvarme. Y el suicidio me parece estúpido.
— Jorge Guzmán