Busco adentro mío y no encuentro inspiración.
Busco más profundo y está vacío.
No hablo de un hueco.
No hablo de oscuridad.
No hablo de tristeza.
Simplemente hablo de nada.
Busco adentro y todo está vacío.
Quiero encontrar algo, pero creo que la búsqueda misma me está dejando vacío. Quiero sentir, pero sólo siento incertidumbre.
Incertidumbre de no saber qué estoy buscando.
De no saber qué voy a encontrar.
O tal vez de querer encontrar algo y saber, en el fondo, que no hay nada.
Pero quizás, después de todo, no está tan vacío.
Quizás estoy frustrado.
Y tengo miedo.
Miedo de lo que pueda pasar.
Miedo de lo que no pueda pasar.
Miedo de querer estar estable y no poder estarlo.
Miedo de seguir viviendo en esta rueda, dando vueltas sin encontrar una salida.
Y ni siquiera tengo palabras para escribirlo.
Tal vez sea eso.
Una rueda inefable.
Inefablemente triste.
Inefablemente desesperante.
No sé por dónde arrancar.
Sólo quiero poder seguir buscando.
Porque quiero encontrar algo.
Lo que sea.
Algo que me diga que todavía queda algo dentro mío.
Cuando se abrió la caja de Pandora, todos los males escaparon y, al final, quedó una sola cosa adentro:
la esperanza.
Y quizás eso es lo que estoy buscando ahora.
No quiero abrir la caja.
Quiero encontrarla.
Quiero saber que todavía existe.
Pero ¿y si encuentro la caja de Pandora
y al intentar abrirla pierdo todo,
incluso la esperanza?
¿Y si ya ni siquiera encuentro la caja
y sigo encontrando todo vacío?
Por favor…
Ya no sé qué pedir.
Ya no sé qué buscar.
Creo que hasta pediría una gota.
Una lágrima.
Una sola.
Para saber que todavía puedo sentir algo.
Para saber que todavía hay algo dentro mío.