Sabes, a veces me sorprende tu recuerdo
y lo cálido de tus abrazos,
el cómo goteas amor como miel.
Tus risas y dulces palabras de aliento:
me apoyas y socorres sin pedírtelo.
Llegaste a desordenar mis miedos
con la calma paciente de tus manos,
a ser el refugio donde siempre encuentro paz.
La calidez de tu mirada y lo inmenso de tu amor...
me esperas y cuidas al punto de volverlo un hábito.
Me terminaré acostumbrando
a tu dulce querer.