Veo, no veo, no te veo.
Siento, no siento, te siento, lo siento.
Busco, pregunto, te pregunto: ¿Por qué?
No te veo, no te siento, no lo siento, no lo sientes.
Callo, no callo, me callas.
Grito en silencio, te nombro en mi mente.
Caigo, respiro, suspiro tu ausencia,
y en cada paso, tropiezo en tu eco.
Vuelvo, no vuelvo, me pierdo.
Te pienso, me olvido, y aún te recuerdo.
¿Dónde termina lo que nunca empezó?
¿Dónde descansa lo que el alma no soltó?
Doy vueltas en círculos rotos,
miro tus huellas borradas por el viento.
Todo lo que no dijiste, lo escucho.
Todo lo que callé, aún lo lamento.
Tiempo, no tiempo, se escapa.
La espera me pesa, la duda me arrastra.
Si me soñaste, ¿por qué me sueltas?
Si te soñé, ¿por qué me despiertas?
Y así quedan las sombras, suspendidas
en rincones donde nadie mira.
Las preguntas, intactas, como espinas,
y el silencio...