Las tres salen enteras, sin un solo día malo, y eso cuadra con alguien que las mira desde lejos, como se admite casi al final. De cerca una hermana siempre tiene algo que te saca de quicio.
Trebol
Pensamiento
Las tres salen enteras, sin un solo día malo, y eso cuadra con alguien que las mira desde lejos, como se admite casi al final. De cerca una hermana siempre tiene algo que te saca de quicio.
Contenido de la publicación
Perfectas!!!
Por Levi Díaz Echeverri
Tres hojas de un trébol bendecido, tres almas que florecen de una misma raíz, tres corazones que laten al unísono, tres formas de hacer del mundo un lugar más hermoso para vivir.
Nacieron de un tallo fuerte y generoso, de una raíz frondosa, noble y especial; crecieron con la gracia de lo sencillo, con esa delicadeza que hasta el viento se detiene un instante para admirar.
Son iguales en esencia, distintas en sus maneras de amar, y llevan en sus almas esa dulce armonía que no necesita palabras para poderse expresar.
Fruto dulce, aroma incomparable, belleza que no se puede describir; como tres luceros que comparten el cielo, iluminan las noches más oscuras y enseñan a otros cómo seguir.
Tres hermanas, un solo corazón, un camino brillante bajo la mirada de Dios, una luz que no conoce el ocaso, una fe que las sostiene y un amor que las mantiene unidas incluso cuando la vida desafía su valor.
Autosuficientes, pero humildes; fuertes, sin perder la ternura; capaces de levantarse ante la adversidad con el temple de quien conoce sus raíces y la elegancia de quien no necesita demostrar su altura.
Hoy despliegan sus alas, abren sus manos y multiplican su amor; sus días tienen nuevos nombres, sus sueños llevan otros rostros, y sus sonrisas encuentran tres motivos para latir con mayor emoción:
Nico, Santi y Samir, frutos preciosos de sus vidas, semillas que ahora reciben la dedicación, el tiempo y la ternura que un día ellas mismas aprendieron de la fuente inagotable del amor.
Y allí están ellas, engalanando sus sonrisas, despejando las sombras del camino, enfrentando con coraje los días difíciles, sin renunciar a esa esencia que las hace grandes por dentro y majestuosas en su andar.
¡Qué silueta tan admirable! ¡Qué presencia tan singular! Como si una misma figura, en un acto sublime de la creación, se hubiese dividido en tres para regalarle al mundo tres maneras de brillar.
Dos Mari y una Cele, tres nombres, tres historias, una sola raíz que se prolonga en una eternidad de memorias.
Nacieron para quedarse, para dejar huellas sin hacer ruido, para ocupar un lugar en la vida sin necesitar siquiera pronunciar palabra.
Porque hay seres cuya presencia es más elocuente que cualquier discurso, cuya nobleza no necesita testigos y cuyo valor no depende del aplauso de los demás.
En ellas conviven la sutileza y el carácter, la firmeza y la compasión, la dulzura que reconforta y la fuerza que desafía al dolor.
Son tres pétalos de un mismo milagro, tres destellos de una misma luz, tres razones para creer que Dios también escribe poesía cuando crea seres como ellas.
Y yo, que contemplo en la distancia semejante belleza del alma, me descubro imaginando, por un instante, qué hermoso habría sido formar parte de aquel trébol, ser su cuarto elemento, una hoja más entre las tres, y compartir con ellas esa potencia eterna que nace del amor verdadero.
No para cambiar su armonía, ni para alterar su destino, sino para sentir de cerca la grandeza de ese vínculo que las une desde el principio.
¡Perfectas!
Tres hermanas, tres luceros, tres capítulos de una misma historia; tres mujeres que hacen de su existencia un testimonio de amor, de humildad y de gloria.
Y si alguna vez alguien me preguntara qué forma tiene la belleza cuando el alma decide florecer, yo no buscaría respuesta en las estrellas:
Le hablaría de las tres.
Por Levi Díaz Echeverri
Thoughts
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PermalinkLas tres salen enteras, sin un solo día malo, y eso cuadra con alguien que las mira desde lejos, como se admite casi al final. De cerca una hermana siempre tiene algo que te saca de quicio.
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PermalinkLo de querer ser la cuarta hoja y aclarar enseguida que no para cambiarles nada me ha parecido lo más bonito. Hombre, un trébol de cuatro es el de la suerte, tampoco iba a sobrar.
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