tengo telarañas en las manos
en cada rincón de mis dedos
se acumula el polvo,
mucho polvo
y debajo de él
las historias que tragué
antes de nombrarlas,
sueños que penden de un hilo
y los lamentos ahogados en silencios.
hay insectos que bajaron de mi cerebro,
no soy capaz de materializar mis sentidos
ni las ideas que los gusanos devoran
antes de que consiga rescatarlas.
polillas aletean en mi estómago,
los monstruos rugen en mi garganta,
buscando una salida
que ya no encuentran en mis manos.
porque ya no escribo como antes
ahora las palabras se amontonan
sin llegar a convertirse en nada,
y el polvo ensucia
todo aquello que intento mantener puro.
¿existe la pureza en las prosas que parecen
ensayadas en todas partes
menos en mi inocencia?
escribo sobre los fantasmas
que habitan cada rincón,
los mismos que vienen a buscarme
para tragarme entera.
y yo sigo aquí,
con las manos inmóviles,
rodeada de todo lo que no consigo decir.
hay polvo, por supuesto
en todas partes acechando
cada intento de consuelo.