Estoy buscando una corona que bajaste de mi cabeza, solo la necesito para recordar cuanta pesas.
Creí perder a mi rey, pero me volvió a buscar, pensaste que me habías abandonado, y que habías dejado un vacío imposible de llenar, cuando la verdad es que en mi vida nunca tuviste un lugar.
Sigues soñando con que manejas un reino que me pertenece, y me pides que te dé un título, que sabes que no mereces.
Llegaste a ser el príncipe, pero te convertiste en el tonto bufón; ahora solo eres el asesino que mato mi corazón.