Mi cuerpo está habitado por la tristeza,
mis días se han vuelto una densa monotonía
y el tiempo me cobra facturas a cada hora.
Tal vez mi cuerpo esté presente,
pero mi mente naufraga en una marea lejana;
te escucho, sin embargo, mi cerebro ya no comprende.
Creo que necesito descansar,
pero por más que busco el refugio del sueño,
mi cuerpo sigue temblando cada mañana.
Mis propios pensamientos me estaban destruyendo;
traté de no pensar, de apagar la mente,
pero descubrí que el silencio también es un asesino.
Perdóname si sigo derramando lágrimas por ti,
es que me haces tanta falta...
Te fuiste y te llevaste la pieza más hermosa de mi corazón,la luz de mi vida.
Hoy solo me queda el eco de cuánto te extraño.