Sabes, creo que me haces sentir la más tonta
cuando recuerdo mis actitudes estúpidas,
esas noches en que sufría por señales
que solo estaban en mi mente,
por fantasmas que yo misma inventaba
para darle sentido a lo que no tenía.
Por ideas absurdas del cómo
podría cambiar nuestra relación,
cuando en realidad era tu nombre
el que seguía escondido en mis pensamientos,
aunque jurara en voz alta
que ya te había superado.
Mentí, y lo sabes.
Porque en secreto seguía pensándote,
seguía imaginando tu risa,
tu manera de mirarme como si el mundo
se detuviera en esos segundos.
El ver esos hermosos ojos cafés
clavados en mí,
me desarma sin remedio,
me rompe las defensas que construí,
me recuerda que no importa cuánto huya,
siempre regreso a ti.
Odio lo fácil que haces
que quiera arriesgarme,
sin que hagas nada,
sin siquiera pronunciar una palabra.
Solo con estar ahí,
con existir frente a mí,
me quiebras, me desnudas,
me conviertes en alguien
que se atrevería a saltar al vacío
solo por la posibilidad de caer en tus brazos.
Y entonces me pregunto,
¿será que siempre fui tuya,
aunque intentara negarlo?
¿Será que mi corazón nunca aprendió
a dejar de temblar cuando te ve?