¿Todos esperan que su vida sea un cuento de hadas?
Porque, para mí, mi cuento de hadas es estudiar en una buena universidad, aunque todavía no sé si lo lograré. Después conseguir un trabajo estable, que por lo menos me guste un poco. Tener un buen sueldo y, con eso, ser feliz.
Quiero una casa con un jardín enorme, lleno de flores y con un perro ladrando por toda la casa. Poder visitar a mi familia una o dos veces por semana. Espero vivir lejos y, a la vez, cerca de ellos.
Quiero una cocina espaciosa, con un horno. Quiero aprender a hacer tartas. Quiero tener una oficina con una biblioteca donde pueda flojear sin culpa. Quiero escuchar música frente al televisor de la sala y saltar sobre los muebles.
Así sueño mi vida. Versión Matilda.
También quiero escribir un libro que aburra y haga dormir a cualquiera. Y salir con un actor famoso, un profesor de matemáticas o un rico multimillonario. Mi fantasía secreta, jjj.
Quiero tener más perros. Después una familia. Jubilarme también es uno de mis sueños; que me mantenga el gobierno, jjj. Y morir de vieja viendo mis jardines crecer y a mis nietos corretear entre las flores.
Ese sería mi perfecto cuento de hadas.
Lo malo es que primero tengo que aprender a andar antes de correr... y yo ya quiero volar.
Suena un poco loco, ¿verdad? Una chica de diecisiete años pensando en jubilarse. Mi cabeza siempre se va muy lejos sin avisar.
Creo que nunca dejaré de escribir sobre cómo imagino que será mi vida. Porque, incluso si algún día sucede exactamente como la sueño —cosa que dudo—, llegar hasta ese punto será difícil.
A este paso, creo que seguiré dependiendo de mis padres hasta los cuarenta, jjj.
A veces me gustaría despertar y que todo eso ya existiera. Pero también siento que sería un desperdicio de vida. Entonces me toca seguir. Mantenerme despierta, ver cómo aparecen las canas y teñirme el pelo de rubio para disimularlas.
La vida es un carrusel... y yo vomito si me mareo.