📖 Lo que nuestra historia esperó dos años para decir
Capítulo 1: El mismo rumbo, otras miradas
Pasaron casi dos años. Los dos seguimos en la universidad, estudiando casi lo mismo, y sin embargo en todo este tiempo nunca nos habíamos cruzado. Hasta ese día.
Salí de la facultad, y como mi colectivo no aparecía por ningún lado, decidí tomar otro que iba para la misma zona, porque vivíamos cerca, era el camino lógico. Cuando ya estaba subida, lo vi llegar a él. Glenn. Se veía tan distinto y a la vez tan él: más arreglado, más lindo, ese chico nuevo que no conocía, pero con esa seriedad que siempre tuvo. Llevaba mochila, iba bien vestido, con los auriculares puestos, como si estuviera en su propio mundo. No supe si venía de entrar a clases o si terminaba de trabajar, pero ahí estaba, subiendo al mismo colectivo que yo.
Y ahí vi también a ese amigo que teníamos en ese entonces —hoy ya no lo es—, que iba con él. Fue una mezcla de sentimientos que me revolvió todo: por un lado pensé qué lindo que está, y por el otro me llené de inseguridades de golpe: ¿me verá linda? ¿me verá fea? ¿se dará cuenta que cambié, que estoy más rellenita? Ya no soy la chica que conoció antes.
Me puse los auriculares también, fingí que escuchaba música, que seguía en mi rutina, pero por dentro me moría de ganas de mirarlo. Solo quería ver si él me miraba, pero no me animé ni un segundo: tenía miedo de que nuestros ojos se encontraran, no me sentía segura para ese encuentro. Así que me quedé mirando para la ventana, haciéndome la distraída, sin girar ni la cabeza.
Llegó la parada, bajé y empecé a caminar para mi casa. Y lo más raro de todo: él también venía por ahí. No tenía por qué ir para este lado, pero ahí iba, junto a ese amigo. A mitad de camino el amigo le dijo chau, él le contestó igual, y se quedó solo, siguiendo el mismo rumbo que yo.
Fue ahí cuando sin querer, por fin chocamos las miradas. Y los dos hicimos como si nada, como si no nos conociéramos, como si fuera una persona cualquiera que pasa por al lado. Yo seguí caminando derecho, pensando qué raro que venga por acá, pero no me detuve.
Cuando llegué a mi casa, todavía tenía el corazón a mil. Fui directo con mis hermanas y les dije, todavía sin creerlo:
—Me acabo de cruzar con Glenn. Fue muy loco. No se fue la sensación, se sintió todo tan raro…
Y es que dos años después, el destino nos puso en el mismo colectivo, en el mismo camino, y solo nos atrevimos a mirarnos un segundo, sin decir ni una palabra. Pero yo sabía que ese encuentro no había sido casualidad.