Quien arriesga está destinado a perderlo todo, porque conlleva presenciar muy buenos momentos que se atesorarán en lo más profundo de tu corazón e incluso se arraigan al alma. Un amor es bonito, pero a la vez es un arma de doble filo, porque puede salir todo bien o puede destruirte como no tienes idea; te puede arder todo el cuerpo, puedes sentir cómo tu alma se desmorona poco a poco. El arriesgar no es un juego, más bien es un misterio confuso, un misterio aterrador, pero si llegaras a ganar, tu mundo sería casi perfecto.
Pero en el camino del amor lo más certero debería ser no arriesgar. Uno, como ser humano, debe velar por su felicidad, y si arriesgaste y en un futuro la perdiste, ten la frente en alto y recuerda los buenos momentos, pero llora, porque de esa manera dura y dolorosa lograrás superar aquel amor que pensabas que era el indicado.