Te prohíbo olvidarme.
Intenta reemplazarme.
Hazlo una, dos, cien veces.
Bésalos con la misma boca
con la que alguna vez dijiste que me amabas.
Promételes para siempre.
Diles que son diferentes.
Haz todo lo que tengas que hacer
para convencerte de que ya no me necesitas.
Pero cuando estés a solas,
cuando nadie te mire,
vas a recordar.
Porque puedes reemplazar mi lugar,
pero no lo que dejé en ti.
Y cuanto más intentes encontrarme en otros,
más vas a odiarte por haberme perdido.
No porque yo sea perfecto.
Sino porque después de mí
vas a descubrir lo difícil que es
encontrar a alguien que te haya amado
como yo lo hice.
Así que sigue.
Cámbiame.
Olvídame.
Finge que fui uno más.
Pero cuando alguien te pregunte
por qué todavía me duele tu silencio,
no mientas.
Di mi nombre.
Y recuerda:
yo no fui quien perdió al amor de su vida.
Fuiste tú quien perdió al suyo.
Y para cuando lo entiendas,
yo ya no voy a estar esperándote.