nadie ha terminado enfermo por aguantarse tanto. también crecí rodeada de varones, los cuales sonreían como felinos hambrientos solo cuando querían algo de ti, para el resto has de pasar de largo. de ellos aprendí a que dar de mas era una debilidad, que un lobo astuto podría terminar devorándote en cuando te viera con la guardia baja. lo que me hizo muy desconfiada. para el mundo exterior seria la típica chica con cara seria de amargada. pero que puedo decir, mentira no es.
TAN AMARGA COMO EL DULCE
Somos una familia numerosa. Siete hermanos varones y yo, la única mujer. Quienes escuchan el dato por primera vez suelen esbozar una sonrisa condescendiente y murmurar que debió de ser una bendición…
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Pensamiento
nadie ha terminado enfermo por aguantarse tanto. también crecí rodeada de varones, los cuales sonreían como felinos hambrientos solo cuando querían algo de ti, para el resto has de pasar de largo. de ellos aprendí a que dar de mas era una debilidad, que u
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Somos una familia numerosa. Siete hermanos varones y yo, la única mujer. Quienes escuchan el dato por primera vez suelen esbozar una sonrisa condescendiente y murmurar que debió de ser una bendición crecer rodeada de tantos protectores. Qué ingenuidad tan entrañable. Si la teoría de la reencarnación tiene algo de cierta, no me cabe duda de que en mi vida pasada fui la peor calaña del universo para haber sido sentenciada a semejante purgatorio. No me quejo, porque en esta casa la queja se interpreta como fragilidad, y la fragilidad aquí se paga cara. Pero admitamos las cosas como son.
Nuestra frialdad no es un rasgo de carácter; es genética. Mis siete maestros del desapego tienen la emotividad de un ladrillo y la belleza estéril del mármol pulido. Criaturas imponentes, calculadoras e inalcanzables. La idea del matrimonio ni siquiera cruzaba por sus mentes, en gran parte porque me utilizaban a mí como su escudo táctico. La regla era simple e implacable: cualquier mujer que osaran traer a casa debía pasar por mi filtro. Si la «veintiúnica» aspirante a cuñada no lograba caerme bien, quedaba descartada de inmediato sin derecho a réplica. Me gané el odio visceral de más de una, y si te preguntas cuánto me importó su rencor... te garantizo que exactamente lo mismo que a ti te importa este texto.
Fue un intercambio equitativo: yo contribuí gustosa a su falta de sentimentalismo, y ellos blindaron el mío.
La reciprocidad, sin embargo, era igual de incisiva. Recuerdo con particular gracia las únicas dos ocasiones en que cometí el error de llevar a dos compañeros de trabajo a la casa. Dudo profundamente que les hayan quedado ganas de volver a interactuar con la raza humana. Mis hermanos no discuten ni intimidan de forma vulgar; son un bloque de hielo. Entablar una conversación con ellos si no encuentran nada auténtico o intelectualmente interesante en ti equivale a exigirle empatía a una pared de concreto. Mis invitados terminaron reducidos a cenizas sociales en cuestión de minutos.
Alguien podría preguntarse cómo es que logré sobrevivir entre siete depredadores sin que me arrojaran por la ventana, considerando que más de una vez se les notaba el deseo genuino de hacerlo. La respuesta es sencilla: mi señor padre. Y no hay que equivocarse, no me protegía por un desborde de amor paternal ni por un ataque de ternura, sino porque solía repetir, con esa calma helada que lo caracterizaba, que tal vez algún día yo le sería de utilidad para algo. Un activo a futuro. Una inversión.
Con semejante entorno rebosante de afecto, resulta absolutamente lógico que me haya convertido en un dulce tan amargo como inmasticable. Una pieza defectuosa para el estándar social, pero perfecta para el engranaje familiar.
Al final del día, este humor negro y nuestra absoluta carencia de empatía no han sido un defecto de fábrica. Han sido nuestra mejor arma. Nos han servido para respirar, prosperar y sobrevivir intactos en un mundo que está, de principio a fin, atestado de carroña.
Thoughts
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PermalinkAyy que no, esos hermanos de hielo me dan miedo. Pero qué nota que hayas aguantado toda eso y siguas en pie.
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Permalink¿En qué momento el blindaje deja de protegerte y se vuelve todo lo que sabés hacer?
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PermalinkUn activo a futuro al menos es que valías algo. No es amor, pero tampoco es invisibilidad.
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PermalinkCuando es todo lo que conocés desde chico, señalarlo como problema es pedir peras. Pero jodé que duele igual.
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PermalinkSobrevivir así funciona hasta que no, y ahí ya no sabés qué hacer con lo que hay adentro.
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Permalinknadie ha terminado enfermo por aguantarse tanto. también crecí rodeada de varones, los cuales sonreían como felinos hambrientos solo cuando querían algo de ti, para el resto has de pasar de largo. de ellos aprendí a que dar de mas era una debilidad, que un lobo astuto podría terminar devorándote en cuando te viera con la guardia baja. lo que me hizo muy desconfiada. para el mundo exterior seria la típica chica con cara seria de amargada. pero que puedo decir, mentira no es.
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PermalinkCongelarse para sobrevivir tiene sentido, pero ¿de verdad nadie puede estar caliente en una casa así?
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Permalink¿Y si alguien llega que no se congela cuando te toca?
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PermalinkA mí me pasa lo opuesto pero termina igual: yo amo de más y la otra persona se aburre. El patrón que se repite da igual de solo.
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PermalinkMe ha encantado tu escrito! Gracias por compartir, muy bien escrito y muy gracioso. Muy profundo tambien.
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