Es curioso cómo los planes rara vez terminan siendo exactamente como los imaginamos. Uno empieza un proyecto convencido de que sabe a dónde va y, por distintos motivos, termina en un lugar completamente diferente. Lo gracioso es que, muchas veces, ese lugar resulta ser mejor en cierto sentido.
La razón por la que escribo esto es un proyecto que tuve que realizar para un examen. Estudio Ingeniería en Sistemas (gracioso no? Alguien tan cuadrado escribiendo sus pensamientos) y la consigna era desarrollar un programa utilizando los temas vistos durante la materia. Desde el principio tuve una idea muy clara: quería hacer un RPG, el apartado de combate principalmente.
El problema apareció cuando el proyecto empezó a tomar forma. Un RPG ejecutado únicamente en una consola, limitado a las herramientas que teníamos disponibles, terminaba siendo mucho menos entretenido de lo que había imaginado. Sin exploración, sin historia y sin todo aquello que normalmente caracteriza al género, las peleas se reducían a presionar un par de teclas una y otra vez. Funcionaba, sí, pero era aburrido como comer polenta sin ponerle ni sal, ni salsa, ni nigun condimento que se te ocurra. Funcional? Si, entretenido? No.
Cuando ya tenía gran parte del proyecto hecha, decidí abandonar la idea inicial. En lugar de insistir con algo que no me convencía, transformé el juego en uno de puzzles. Las peleas dejaron de ser el centro y pasaron a ser una consecuencia de resolver acertijos, recopilar información y descubrir la manera correcta de enfrentar a cada enemigo. Algo parecido a la ruta pacifista de Undertale, aunque la comparación probablemente tenga más sentido en mi cabeza que en la de quien esté leyendo esto.
Lo curioso es que ese cambio, que al principio sentí como un obstáculo, terminó siendo la mejor decisión que pude haber tomado. Si me hubiera aferrado a la idea original solo porque ya había invertido tiempo en ella, probablemente habría terminado con un proyecto correcto, pero sin personalidad o bueno, o no sin ella pero si me dejaria esa astilla clavada de, "pude haberlo hecho mejor". En cambio, al aceptar que mi plan inicial no era tan bueno como pensaba, terminé creando algo mucho más interesante.
Supongo que esa es la parte que más me gusta de todo esto. Cambiar de rumbo no siempre significa fracasar. A veces significa darle a una idea la oportunidad de convertirse en algo mejor de lo que uno había imaginado desde el principio.
Ahora solo queda esperar que, además de gustarme a mí, también sea suficiente para aprobar la materia y no tener que andar re cursandola como un boludo.