Supongo que te gustó
y después me frustró,
supongo que te supuse
y supuse que te gustó.
Supongo que sentimos lo mismo,
aunque vos ya me dijiste
que no estás en estas,
que no estás para estas,
pero supongo.
Supongo que te equivocaste
y no lo querés admitir,
supongo que te gustó
pero te da miedo sentir.
Sentir, sentir, sentir,
¿qué tanto hay que sentir
para dejar de fingir
que no sentís?
Supongo que te molestó,
que te cansó,
que te hartó,
que quizás fui demasiado
y por eso te alejaste un poco.
Un poco, poquito,
poquito pero infinito,
porque yo de poquito en poquito
me hago un mundo completito.
Supongo que confundo
tu amabilidad con algo más,
algo más que un “¿cómo estás?”,
un “buenas noches”
y un “después hablamos”.
Supongo que ya me conocés,
que conocés mi forma de ser,
mi forma de querer,
mi forma de volver
a pensar en lo que dijiste ayer.
Supongo que querés cuidarme,
que querés acompañarme,
que querés quedarte,
aunque quizás solamente
estoy queriendo imaginarte.
Supongo que esto es mucho,
mucho, muchísimo,
y te asustó.
Te asustó lo que supuse,
lo que sentí,
lo que escribí,
lo que nunca te dije
pero igual asumí.
Y supongo,
supongo,
supongo...
Que de tanto suponer
me olvidé de preguntar.
Porque es poco tiempo,
lo sé,
poquito tiempo para sentir,
poquito tiempo para querer,
poquito tiempo para pensar
que quizás esto puede ser.
Y capaz es muy pronto,
capaz me estoy adelantando,
capaz apenas te conozco
y ya te estoy imaginando.
Pero supongo que lo siento,
aunque no sepa qué siento,
aunque sea pronto,
aunque sea poco,
aunque quizás sea solo un momento.
Supongo que me gustás,
pero no sé si te gusto.
Y supongo que me querés,
pero no sé si me querés.
Y supongo que te importo,
pero tampoco sé cuánto.
Entonces supongo.
Supongo y me frustro,
me frustro y supongo,
supongo y me invento
un poquito de todo.
Y qué bronca.