Me imagino la escena detrás: sentarse en el comedor, mirar la pequeña taza que contiene ese líquido tan adictivo y olerlo mientras se acaricia el borde del recipiente. Es un momento mágico.
Quizá diga más de lo que percibo, capaz mi literalidad no alcance el lenguaje de esta poesía, pero me encantó igual. Puede ser porque soy adicta al Café y creo que merecía este poema.