Éste era un perro que vendía seguros
de autos, casas, calles y altos riesgos.
¿cómo acabó de traje? –hablando en serio–,
se preguntó su jefe al ver, incluso,
la enorme comisión que le atribuyo
al trato que le da a todos parejos.
.
Se alzó sin ningún otro precedente:
amable, fiel y bueno en su trabajo.
Le ascienden empezando desde abajo
hasta llegar a vicepresidente
del área de seguros contra gente
que inventa chismes contra sus hermanos.
.
Hoy conduce –sabrá Dios cómo hace–
un Maserati de interiores adaptados:
pasó de dos pedales hasta cuatro
a falta de antebrazos y pulgares.
Se mueve siempre por los bulevares
que se hallen mucho más congestionados.
.
Compró una casa enorme con piscina
y paga siempre por adelantado
las decenas de croquetas con orilla
de caviar bañado en salsa de oro blanco.
Come lasaña, pasta, pan, pescado
con chef traído directo de la India.
.
Redacta él mismo todos sus contratos,
no ocupa de asistente o secretaria.
Graduado, con honores, de notario;
no gasta en abogados ni demandas
dejadas por detrás de su fachada
de humilde perro que nació en el campo.
.
Le dió todo la vida –ay, qué envidia–,
incluso una esposa pura raza,
tres pares de cachorros en la casa
y helicóptero privado en la oficina.
Dejó de trabajar cuando, por prisa
lo atropelló el camión de la mudanza.