Señor, haz de mi vida algo que pueda ser contado.
Que mis heridas no sean solamente cicatrices,
sino ventanas por donde otros puedan ver Tu gracia.
Que aquello que un día me hizo llorar
pueda convertirse mañana
en aquello que me enseñe a consolar.
Que mis palabras no sean solamente bonitas,
sino verdaderas.
Que mis manos no solamente construyan proyectos,
sino altares.
Que mis sueños no sean más grandes que Tu voluntad,
ni mi voluntad tan pequeña
que tenga miedo de soñar contigo.
Si me das una plataforma,
que no olvide el altar.
Si me das influencia,
que no pierda intimidad.
Si me das mucho,
que no deje de agradecer lo pequeño.
Y si algún día vuelvo a caer,
recuérdame quién me levantó.
Porque no quiero que mi testimonio sea:
"Yo nunca caí".
Quiero que sea:
"Cada vez que caí, Tu gracia me encontró."