Se siente el viento
Ruido es aquello que incomoda. Ruido es desorden.
Por dentro sentimos todo lo que nos atraviesa, ¿pero qué pasa si lo que nos atraviesa es tan solo ruido?
“De raíz es donde se busca el problema”, me dijeron una vez.
¿Qué raíces puede tener el ruido?
Desesperación.
Incomodidad.
Angustia.
Se siente cuando me pongo a pensar en ese momento de soledad, donde, por más que todo esté en silencio, escucho ruido.
Ruido, ruido, ruido que se desconfigura en pensamientos que gritan más de lo que dicen.
No le entiendo.
Son muchos ruidos a la vez.
Me enloquece.
La soledad es cruel, pensaba.
No solo mi cabeza participa,
mis ojos también lo hacen.
Cuánta gente coincidiendo,
cuánta gente compartiendo,
cuánta gente.
El sentir solo sentía soledad.
Lo subjetivo tal vez se asomaba un poco.
¿Soledad significa estar solo?
A veces, tu propia compañía también puede convertirse
en un lugar donde estar en paz.
Mi cabeza calmó, de a poco.
Me tengo a mí, ahora… ¿qué hago con eso?
Un día me di cuenta de que el ruido se calma cuando uno encuentra lo que ama.
Desaparece,
se calla por un rato.
Cuando era adolescente comencé a leer a Deepak Chopra. En uno de sus libros expresa: “La soledad es una oportunidad para descubrir quién eres realmente.”
Comencé a ver la soledad como una oportunidad
para conocerme,
transformarme,
quererme
y acompañarme.
Conocí vertientes de mi ser
que hasta entonces desconocía:
intereses, energías, valores, pensamientos.
El ruido calmó cuando me senté en el pasto.
Esta vez sí sentía algo que no era ruido,
sentía el silencio.
Sentía las aves, sentía los rayos del sol, sentía el pasto moverse entre mis piernas, sentía mi cuerpo, sentía el viento.
Sentía paz.
No voy a negar que el ruido aparece de vez en cuando,
no voy a negar que, a veces, no encuentro el silencio.
Pero sí entendí que,
cuando escucho el viento,
estoy acompañada.