La doctora llamó a los clones a su oficina privada para hablar con ellos.
—Recién me habló un funcionario kinki. Dijo que vendría un emisario acompañado de varios clones para ayudarnos —explicó—. Mientras mi equipo trabaja, estuve pensando que estaría bueno sacarles muestras de sangre.
—Según el PUNPS, hay clones con sangre de TENIA que no son ajenos a la infección bacteriana. En cambio, los clones puros kinki son resistentes a todo.
Mario tomó un buen trago de agua antes de responder.
—Nosotros somos clones de una fase avanzada. Somos mayores, si se quiere. Somos puros kinki.
—¿Es verdad que hay clones con sangre mezclada? —preguntó la doctora.
—Sí. Si usted dice que tomando muestras de sangre puede encontrar lo que busca, no hay problema. No será la primera vez.
Mario hizo una breve pausa.
—Igual, verá que ese parásito que salió de la rata era lento. Si bien se movía, no era tan rápido.
—Porque los PUNPS modificaron genéticamente a esos parásitos —dijo Mario.
Mario suspiró. No bajó la mirada y miró a la doctora directamente a los ojos.
—¿Sabe cuándo falleció B34 en batalla? Era el más veloz de todos. A mí me salvó mil veces de ataques de parásitos.
La doctora permaneció en silencio.
—Sucedió que veinte parásitos lo mordieron al mismo tiempo en el cielo y lo mataron.
Mario apretó ligeramente los puños.
—¿Sabe? Eso es velocidad. Yo les tengo miedo a los parásitos, y ese miedo hace que sea veloz. Es feo ver cómo muere algún compañero a manos de esos seres.
Hizo una pausa antes de continuar.
—Ojalá fueran como ese parásito que sacó de la rata. Es más lento y parece más natural.
—Cuando lo tomé para hacerle la muestra, le faltaba ese orificio de donde ellos sacan una sustancia para cavar la piel e infectar —comentó la doctora.
Mario asintió lentamente.
—Según el PUNPS, todavía no se sabe si la Madre Nodriza tiene milicianos. Creo que los parásitos se reproducen descontroladamente.
—Se reproducen asexualmente, como todo parásito —respondió la doctora.
Mario soltó una pequeña risa.
—Bueno, es obvio. Esa nave es un asco de sangre y van a salir de ahí con mucha hambre.
Mario suspiró y se sentó en la silla. La doctora le extrajo una muestra de sangre y, después, hizo lo mismo con Lucía.
—Cuando vengan los otros clones, pruebe con ellos y con el emisario kinki. Seguro ellos pueden contarle cosas que quizás yo desconozco.
Mario se levantó de la silla.
—Yo soy miliciano, nada más.
—Gracias —dijo la doctora.
El equipo continuaba trabajando contra reloj.
La nave nodriza seguía en la órbita terrestre y todavía no había decidido descender a la Tierra.