Rostro ajeno
Te busqué tanto.
Tanto en un rostro ajeno.
Tanto en palabras que alguna vez fueron tuyas.
Tanto en escritos y sentimientos
que me hacen pensar si alguna vez ** *********.
Está la frase en un libro:
“No supe cerrar la herida antes de abrir otra puerta”.
No supe cerrar tu amor antes de aceptarlo de alguien más,
y ese fue mi error.
Yo sabía que no había olvidado,
que cada vez que alguien me preguntaba de ti, yo fingía demencia.
Decía que fueras feliz aun así sin mí,
pero yo sabía que no quería que fuera sin mí.
Y entonces me di cuenta de algo:
Te seguía viendo
en un rostro ajeno.
Buscaba similitudes de ti en alguien más.
Así fuera la nariz,
los labios,
los ojos
o el corazón.
Pero algo de ti
tenía que buscar en alguien más.
En un rostro ajeno.
Te veía en el gym,
en la cafetería,
en los pasillos,
en el repartidor,
en el cajero,
hasta en el señor que me pedía la hora.
Mi mente traicionera me decía que eras tú,
porque algo de mí se fue en ti.
Por eso, un rostro ajeno fue mi mejor opción.
No te podía ver,
pero algo de ti lo podía ver,
aun así fuera con otras facciones.
El punto era verte.
Aunque fuera poquito
o fueran partes de ti.
Era tenerte
En un rostro ajeno