Te fuiste
y no sé qué fue peor:
si verte cerrar la puerta
o quedarme escuchando
cómo tus pasos
se llevaban lo que quedaba de mí.
Desde entonces
aprendí a convivir con tu ausencia,
pero nunca aprendí
a dejar de esperarte.
Qué injusto es el amor…
porque aunque sé que no volvés,
una parte de mí
todavía deja la luz encendida,
por si algún día
te arrepentís de haberte ido.
Y yo sé que no debería.
Sé que debería odiarte un poco,
borrar tus fotos,
romper nuestras cartas,
dejar de buscar tu nombre
entre las canciones
que alguna vez cantamos juntos.
Pero no puedo.
Porque ¿cómo se olvida
a la persona que alguna vez
fue tu lugar favorito en el mundo?
¿Cómo se arranca del pecho
a quien uno abrazaba
pensando que ese abrazo
iba a durar para siempre?
Yo todavía te quiero.
Y decirlo me duele
más que admitir que te perdí.
Porque ya no sos mío,
pero seguís siendo
parte de todo lo que soy.
Te encuentro en las noches largas,
en el olor de la lluvia,
en las canciones que no puedo escuchar,
en las calles por donde caminamos,
en ese café que nunca volví a pedir
porque tenía tu sabor.
Y qué triste…
Tener tantos recuerdos
de alguien
que ya no tiene recuerdos de vos.
A veces imagino
que volvés.
Que golpeás mi puerta
y me decís que te equivocaste.
Y yo, aunque debería ser fuerte,
sé exactamente lo que haría:
te abriría.
Sin preguntas.
Sin orgullo.
Sin reproches.
Porque cuando se ama de verdad,
uno puede aprender a perdonar
hasta aquello que juró
que jamás perdonaría.
Pero después despierto.
Y la habitación sigue vacía.
Y ahí entiendo
que no estás viniendo.
Que no vas a volver.
Que probablemente
ya aprendiste a vivir sin mí.
Y yo sigo acá,
intentando aprender
a vivir conmigo.
Hay noches
en las que me pregunto
si alguna vez me extrañás.
Si alguna canción te lleva hasta mí.
Si alguna vez mirás el teléfono
esperando un mensaje
que sabés que no voy a mandar.
Me gustaría pensar que sí.
Aunque sea mentira.
Porque necesito creer
que no fui solamente yo
quien sintió que aquello
era para siempre.
Y si algún día
alguien te pregunta por mí,
no digas que fui un error.
Decí que hubo alguien
que te amó con todo lo que tenía.
Que hubo alguien
que te eligió incluso cuando dolía.
Que hubo alguien
que habría dado cualquier cosa
por volver a aquella noche
en la que todavía
éramos nosotros.
Y si alguna vez
te acordás de mí…
no vuelvas.
Por favor.
No vuelvas
a abrir una herida
que estoy intentando cerrar.
Porque aunque todavía te amo,
ya entendí algo:
amarte
no significa esperarte.
A veces amar
también es dejar ir
a la persona que más querías
aunque el corazón
te grite que la abraces.
Así que andate.
Viví.
Sé feliz.
Encontrá a alguien
que pueda darte
todo lo que yo no pude.
Y si algún día
te preguntás
si todavía te amo…
la respuesta será sí.
Pero ya no voy a estar ahí.
Porque algún día
voy a aprender a quererme
más de lo que te extraño.
Y ese día,
aunque me duela,
por fin voy a poder decir:
“Te amé con toda mi alma.
Y aunque todavía duelas,
ya no voy a volver por vos.”