Construimos la vida en momentos y nos olvidamos de esos detalles que nadie nota, pero siguen rasgando nuestro interior tratando de ser escuchados. Este se lo quiero dedicar a ti, que te miras en el espejo y no te reconoces; a ti, que te cuesta sonreír, pero luchas para no romperte, a esas grietas que nadie ve pero duele cuando intentas taparlas. Me vi reflejada en ti y en esos hermosos ojos que no saben ocultar cuánto pesa sobrepensar; a ti, que te cuesta encajar porque no es lo mismo existir que pertenecer; a ti, que sonríes todos los días tapando esos huecos que no estaban la última vez que te viste sin juzgarte.
A ti, que aprendiste a apreciar esa soledad que no solo es silencio, es más que eso; es analizar en silencio, es aprender a amar. Es parte de ti que se oculta, pero aprendió a sobrevivir en medio de todo, supo cómo quedarse sin ser arrancada, a esa pequeña parte que nadie entiende pero sabe que existe. Gracias por quedarte sin hacer mucho ruido; sigo sintiendo que me falta mucho para entenderte, pero llegará el momento en el que mire sin sentir.